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ARTICULO
Ante las
Olimpiada en China: ¿qué hacer?
2008-8-7
Por
Carlos Manuel Estefanía.
Director de
CubaNuestra
Todo comenzó hace casi 30 años con una agenda presentada
en diciembre de 1978 por Deng Xiaoping ante el Comité
Central del Partido Comunista, con ella se iniciaron las
reformas que, si no ocurre un imprevisto, podrían
convertir a China en la primera economía mundial para el
año 2025.
La clave ha sido darle rienda a la economía de mercado,
en condiciones muy parecidas al del fascismo italiano,
permitir el nacimiento de un rico empresariado que se
siente muy a gusto con la clase política, estamento
capaz de sancionar a determinado funcionario corrupto,
pero que en general como en los antiguos regímenes
totalitarios de izquierda y derecha, se mantiene
inamovible, justificándose como alternativa al caos y
garante de la estabilidad y unidad del país, así la
perciben muchos chinos incluso aquellos que, gracias a
sus viajes por occidente pueden darse el gusto de soñar
con cierto conocimiento de causa, con modelos mas
participativos como los que se han ensayado en Europa y
América.
Otro enfoque es el de los explotados, esos obreros y
campesinos que de vez en vez protestan, lo hacen
enarbolando consignas de Mao, como si los tiempos del
dictador hubieran sido los de oro para los trabajadores,
aunque no estamos muy seguro de ello si tomamos en
cuenta los setenta millones de muertos que se le achacan
al genocidio maoísta.
Es en esa China donde comienza este 8 de agosto los
Juegos Olímpicos. ¿Qué puede hacer la humanidad
progresista?
Boicotearlos sería volver a las estrategias de la pasada
guerra fría que tan poco bien hicieron a la
democratización de los países comunistas, participar en
ellos sin chistar equivale a avalar un régimen que a la
violación de los derechos humanos suma la faltas de
garantías sociales de las que siempre se habló en
relación a los países socialistas.
La solución al dilema nos la ha dado el personaje de la
política internacional mas inesperado, el presidente
Bush, quien parece decidido hacer con China lo que su
colega Jimmy Carter hiciera con Cuba, visitar el país y
declarar –al menos en el camino- la necesidad de una
mayor tolerancia con los que piensan diferente.
Por supuesto, no son los derechos humanos, sino el apoyo
chino en la solución del diferendum con Corea del Norte
y la guerra contra el terrorismo Islámico lo que mas
interesa al presidente norteamericano, de ahí que
tampoco podamos apostar todas las cartas por la acción
de éste cuya visita tiene antecedente en el
comportamiento de muchos norteamericanos, quienes en
1936, acudieron a los Juegos Olímpicos de invierno y de
verano que se celebraron en la Alemania Nazi. Por aquel
entonces Hitler había hecho bajar el tono a las campañas
antisemitas, con ello neutralizó las fuerzas que
pretendían boicotearlo.
Hoy, los chinos tienen ea su favor algo mejor que lo que
tenían los nazis, con una economía que seduce al mundo
occidental y que le vuelve la vista gorda. Los actuales
mandarines no han necesitado aflojar la mano, la
represión sigue siendo la misma de siempre y eso no ha
impedido el consenso universal a favor de realizar en
China el encuentro deportivo.
Pese a todo, los Juegos Olímpicos de China se convierten
en una oportunidad para establecer un contacto directo
con el movimiento democrático en el país asiático, para
denunciar dentro de él, como ya lo han hecho algunos
activistas, crímenes del régimen como los cometidos
contra los independentistas tibetanos y los creyentes de
religiones no controladas por el estado.
Adelante pues con los Juego Olímpicos y ojalá no falte
un deportista que a la hora de recibir su medalla alce
el puño en señal de protesta contra el capitalismo
monopartidista chino, el que así lo haga se ganará la
copa mayor, la de la solidaridad con los oprimidos.
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