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NOTICIAS

FIDEL CASTRO,
SUS AMIGOS CHINOS
Y LA CUBA POST- FIDEL
¿Qué hará China tras la muerte de Castro?
¿Hacer uso más intensivo de las bases cubanas y de contactos en las
Américas, particularmente bajo un gobierno autoritario post-Fidel, o
decidirá que Fidel es demasiado caro y embarazoso, particularmente si
las instalaciones en Cuba pudiesen ser canjeadas en un acuerdo con los
Estados Unidos sobre Taiwán?
Cuba sobrevivió a una década de crisis económica en los años 90 tras el
colapso de su red de apoyo de la Guerra Fría, el bloque soviético. En la
actualidad el Máximo Líder está edificando una nueva red, la que se
extiende desde Caracas a la República Popular China (RPC), la que
considera que le permitirá atravesar sus zafarranchos económicos durante
los años venideros.
El romance de Fidel con el volátil Presidente Hugo Chavez de Venezuela
es un matrimonio celebrado en el paraíso castrista, pero la relación con
China es más complicada. ¿Por qué se encuentra este enorme Reino Medio,
con su economía explosivamente creciente, interesado en un anciano
dictador de una diminuta isla caribeña quien está estúpidamente
encaminado hacia políticas económicas estatistas fracasadas? ¿Y
viceversa?
En 1960, Cuba fue el primer país latinoamericano en reconocer a la RPC.
Sin embargo, las relaciones fueron a menudo hostiles durante varias
décadas en virtud de que solamente el bloque soviético podía
proporcionar tanto la asistencia económica suficiente para sostener a la
siempre defectuosa economía de Castro como un escudo militar contra su
enemigo escogido, los Estados Unidos.
Con el auge del conflicto sino-soviético en los años 80, las relaciones
sino-cubanas comenzaron a mejorar. En junio de 1989, el acercamiento se
apresuró cuando Cuba avaló férreamente la represión china en Tiananmen.
Los lazos sino-cubanos de la actualidad caen en tres amplias categorías:
la política, la económica y la estratégica. Cuba se beneficia del apoyo
político y económico, a menudo superpuesto, de China, mientras que China
gana mediante la obtención de información de inteligencia sobre los
Estados Unidos a través del gobierno cubano.
Fidel y Raúl Castro, y la gran mayoría de otros importantes dirigentes
cubanos, han visitado China una o más veces. Dos presidentes chinos, más
recientemente Hu Jintao, en noviembre de 2004, y muchos otros de los
principales líderes chinos, han visitado Cuba. Además de los pedidos pro
forma a favor de la paz y del desarrollo mundial, los dos gobiernos se
apoyan recíprocamente en cuestiones tales como la condena al embargo
estadounidense sobre Cuba y el apoyo a la ley anti-secesión del año 2005
de China dirigida a Taiwán.
Económicamente, Beijing es un aliado pragmático, quid pro quo. Mientras
China busca recibir eventualmente cantidades significativas de níquel de
Cuba, en general las exportaciones cubanas a China son insignificante.
Pero China es el tercer mayor socio comercial de Cuba, detrás solamente
de Venezuela y España. En varios grados, China apoya la educación
cubana, la explotación petrolera, las minas de níquel, el desarrollo
tecnológico y la infraestructura en materia de transporte.
Mirando más allá de Fidel, Raúl Castro, el aparente heredero, y muchos
otros líderes cubanos actuales, se encuentran fascinados con las
reformas económicas al “estilo chino” que Fidel rechaza. A saber, el
mantenimiento de un considerable control político pero emprendiendo
algunas reformas económicas serias, sistemáticas y orientadas al mercado
a fin de escapar al perpetuo malestar económico.
El resultado para China es el de una ventana de bienvenida desde la cual
observar a los Estados Unidos. Considérese que Washington observa a
China desde bases militares por toda Asia, satélites espaciales y
aviones de vigilancia, uno de los cuales fue obligado a aterrizar sobre
la isla china de Hainan a comienzos de 2001 y precipitó la primera
confrontación de la administración Bush con la RPC. China, sin embargo,
carece de bases militares en el exterior y ninguno de sus aviones
sobrevuela a lo largo de las costas estadounidenses.
Considérese también que mientras los Estados Unidos se quejan acerca de
la modernización militar de China y de una posible agresión futura en el
exterior, China tiene evidencia sólida de la real agresión militar
estadounidense contra países soberanos, ya sea que los estadounidenses
aprueben o no las acciones, por parte de Bill Clinton en Yugoslavia en
1999 y de George Bush en Irak en 2003. Añádasele a ello el armamento
sofisticado que Washington le vende a Taiwán, una isla a la que tanto
Beijing como Washington (y Taipei, hasta hace poco) consideran parte de
“una China.”
Los funcionarios estadounidenses no hablarán seriamente sobre cuestiones
estratégicas sino-cubanas, aunque afirman que China está involucrada en
le desarrollo de capacidades de inteligencia, guerra cibernética y
comunicaciones que pueden afectar a la región. A veces citando a
informes de prensa desigualmente confiables como evidencia, las
específicas áreas de preocupación parecerían ser las de Lourdes y
Bejucal, ambas cercanas a la Havana.
Lourdes, durante décadas la mayor base de espionaje soviética en el
exterior, actualmente parece ser principalmente una nueva Universidad de
Ciencias de la Información (UCI). Hu Jintao visitó el predio
universitario en 2004 y dijo que la mayor parte de los miles de
computadores que hay allí procedían de China. Los interrogantes sin
respuesta son qué otra cosa en la UCI proviene de China y qué obtiene la
RPC a cambio.
La base en Bejucal puede tener agentes chinos así como también cubanos,
pero al menos algo de la información publicada está inflada. Por
ejemplo, una fotografía que ha circulado ampliamente de unas asombrosas
cúpulas de radar con forma de pelotas de golf, supuestamente en Bejucal,
corresponden en verdad a una instalación estadounidense en la Menwith
Hill Station, en el Reino Unido.
Washington y Beijing no se han vociferado el uno al otro desde el
incidente del EP-3 en Hainan casi cinco años atrás. ¿Por qué? Tal vez,
debido a que ambos han decidido que la actual ubicación de las redes de
vigilancia es por ahora una compensación tolerable en un mundo
peligroso, suspicaz, e imperfecto.
Las futuras relaciones sino-cubanas dependerán de desarrollos
impredecibles en China, Cuba, los Estados Unidos y más allá. Podrán
abarcar desde el uso más intensivo por parte de China de las bases
cubanas y de contactos en las Américas, particularmente bajo un gobierno
autoritario post-Fidel, hasta la decisión de Bejing de que Fidel es
demasiado caro y embarazoso como para apoyarlo, particularmente si las
instalaciones en Cuba pudiesen ser canjeadas en un acuerdo con los
Estados Unidos sobre Taiwán.
* William Ratliff es Asociado Adjunto en The Independent Institute,
Investigador Asociado en la Hoover Institution de la Stanford
University, y un frecuente escritor sobre temas de la política exterior
china y cubana.
Por William Ratliff
The Independent
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José Cadenas
Jefe de Buró
E.U.
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Diciembre 26, 2005
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