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NOTICIAS
Servicio noticioso desde Washington
3 de octubre de 2003
Represión desata
oposición internacional contra Castro
(E.U. buscará acelerar transición democrática en Cuba)
Los recientes actos de represión cometidos por el dictador Fidel Castro
han resultado en un creciente consenso internacional sobre la necesidad
de una transición democrática en Cuba, dice Roger Noriega, secretario de
Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental.
En una declaración del 2 de octubre ante la Comisión de Relaciones
Exteriores del Senado de Estados Unidos, Noriega dijo que el arresto de
75 disidente por parte del gobierno cubano en marzo de 2003 ha "abierto
los ojos" de los líderes de todo el mundo sobre la verdadera naturaleza
del régimen de Castro.
"Para muchos fue una revelación, y una que nos ha ayudado a todos
nosotros -- los norteamericanos y nuestros aliados en todo el mundo -- a
reconocer que todos coincidimos en que el régimen cubano ha traicionado
políticamente a su pueblo y le ha fallado económicamente", afirmó
Noriega. "Nosotros sabemos que al pueblo cubano le conviene más el fin
de la dictadura, seguido de una transición plena hacia la democracia,
caracterizada por mercados abiertos y el respeto a los derechos
humanos".
Noriega anotó que muchos de los que antes apoyaron a Castro comienzan
hoy a hablar en contra de los abusos de su régimen. Citó, a entre otros,
al novelista comunista portugués José Saramago, ganador del Premio
Nóbel. "Hasta aquí llego, disentir es un derecho", dijo Saramago en
respuesta a la persecución desatada por Castro contra los partidarios de
la democracia.
Además de citar a Saramago, Noriega destacó que "se ha registrado un
incesante tronar de críticas y pedidos de justicia, desde que tuvieron
lugar los brutales actos de Castro". Citó a la Unión Europea y a las
Naciones Unidas entre muchas de las organizaciones que han expresado su
preocupación por la arremetida de Castro.
El secretario adjunto dijo que el creciente consenso internacional y la
insistencia en verdaderas reformas en Cuba "es el factor reciente más
importante en la gestión de alentar el desarrollo democrático en Cuba".
Para promover aún más ese consenso, Noriega indicó que él podría
trabajar para alentar una mayor participación de los gobiernos de
América Latina para apoyar la búsqueda de la democracia y el desarrollo
en Cuba.
La Casa Blanca "no esperará a que Fidel Castro demuestre que está
interesado en el cambio, porque, desafortunadamente para él y para Cuba,
no creemos que llegue ese día", dijo Noriega. Describió a Castro como
"un implacable enemigo de la democracia, de las reformas y del progreso
económico", al explicar que la administración Bush se concentrará en
medidas para acelerar esos cambios que quieren los cubanos.
Entre esas medidas figura: mantener e incrementar el apoyo a la
creciente sociedad civil de Cuba; aumentar los esfuerzos para romper el
bloqueo informativo impuesto por Castro; trabajar para sentada la
demanda de la comunidad internacional de un cambio, mantener la presión
en el tema de los derechos humanos y reforzar la transmisión del mensaje
de apoyo de Estados Unidos al pueblo cubano.
Noriega afirmó que la creciente oposición internacional, así como la
creciente oposición interna al régimen de Castro permite ver que hay
"una lucecita de verdadera esperanza en el horizonte".
A continuación una traducción extraoficial de las declaraciones de
Noriega, tal cual fueron preparadas para su difusión:
(comienza el texto)
Declaración de Roger Noriega, secretario de Estado adjunto para Asuntos
del Hemisferio Occidental ante la Comisión de Relaciones Exteriores del
Senado de Estados Unidos 2 de octubre de 2003
Gracias por invitarme a referirme a la política de Estados Unidos hacia
Cuba. Me complace esta oportunidad de poder hablar de este importante
tema. Un punto que quiero establecer desde el comienzo, que se relaciona
directamente con los desafíos de lograr una transición: los recientes
acontecimientos en Cuba han abierto los ojos de muchos en el mundo sobre
la verdadera naturaleza del régimen de Castro.
El que Castro maneje una dictadura que les niega a los cubanos sus
derechos fundamentales no es una sorpresa para nosotros. Pero para
muchos fue una revelación, una que nos ha ayudado a todos nosotros --
los norteamericanos y nuestros aliados en todo el mundo -- a reconocer
que todos coincidimos en que el régimen cubano ha traicionado
políticamente y le ha fallado económicamente a su pueblo. Nosotros
sabemos que al pueblo cubano le conviene más el fin de la dictadura,
seguida de una transición plena hacia la democracia, caracterizada por
mercados abiertos y el respeto a los derechos humanos. Nuestro
compromiso de ayudar a los cubanos a lograr una democracia genuina es un
importante concepto unificador, que nos une a todos en un tema con
frecuencia caracterizado por el desacuerdo.
El Hemisferio Occidental Hoy
Mientras que el resto del hemisferio sigue trabajando por su futuro,
estableciendo una democracia representativa, ampliando el desarrollo
económico y fomentando la cooperación regional, el régimen de Castro
sigue siendo un anacronismo dictatorial, estancado en un fracasado
pasado marxista, ahogándose en su propia retórica.
Recuerdo que cuando trabajaba con América Latina a fines de la década de
1980 el Departamento de Estado elaboró un mapa que mostraba al
continente en 1979 con relación a 1989, con los países manejados por
dictaduras marcados con rojo, las democracias en azul. Literalmente
docenas de países han pasado del mandato autoritario a la gobernabilidad
democrática. Algunos lograron este hecho a pesar de los ataques de
insurgencias izquierdistas violentas. A pesar de todos los cambios que
la región encara hoy, no pueden pasarse por alto los increíbles logros
de la década de 1980.
El mismo mapa hoy sigue mostrando la obstinada y destructiva resistencia
al cambio por parte del régimen cubano. El régimen de Castro ha
desaprovechado las oportunidades de reforma, dado que los hermanos
Castro esperan mantener el poder hasta que mueran. En los 18 últimos
meses Fidel Castro ha manipulado una enmienda constitucional que declara
inmutable al "socialismo", ha indicado su intención de seguir en el
poder hasta que se vea obligado a dejar el cargo, incluso por muerte,
rechazando explícitamente que Cuba adopte el mercado libre y ordenando
la arremetida más amplia en la historia de Cuba contra los partidarios
pacíficos del cambio.
Castro es un implacable enemigo de la democracia, de las reformas y del
progreso económico, y su continua presencia como jefe de gobierno en
nuestra región ofende a nuestra región democrática. Nuestro hemisferio
es el primero en el mundo en coincidir unánimemente que, en palabras de
la Carta Democrática Interamericana, "los pueblos de las Américas tienen
derecho a la democracia", y que la democracia "es esencial para el
desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas".
La Carta determina la "obligación de proteger y defender" la democracia.
Nuestro hemisferio será un lugar más seguro y feliz cuando Castro
desaparezca de la escena, ya sea por el proceso natural, como una meta
de la política de Estados Unidos, o como resultado de la voluntad del
pueblo cubano y la acción concertada de los partidarios de un cambio
pacífico en Cuba.
Desafíos al Consenso Multilateral
El creciente consenso internacional sobre la naturaleza del régimen y en
la necesidad del cambio se manifiesta en varios contextos: muchos de los
que apoyaron a Castro en sus primeros días ahora comienzan a hablar
públicamente contra los abusos cometidos por ese régimen. Incluso antes
de la brutal represión de la sociedad civil por parte del régimen, en
marzo de este año, el presidente Lula del Brasil dijo a fines del 2002
que "no confundamos la pasión que mi generación siente por la revolución
cubana y por todo lo que representó, entonces con cualquier aprobación
del régimen cubano de hoy. Yo defiendo la libertad religiosa, la
libertad sindical y la libertad política".
El escritor portugués José Saramago, un comunista dedicado, ganador del
premio Nóbel y antes admirador de la revolución cubana, lo dijo
sucintamente al reaccionar ante la arremetida de Castro ""Hasta aquí
llego, el disentir es un derecho".
El conocido escritor chileno Carlos Franz, partidario de Castro durante
mucho tiempo, anunció en julio pasado su rechazo al Premio de Periodismo
José Martí que el régimen tenía previsto concederle, como una protesta
contra la arremetida de marzo contra la sociedad civil. Dijo que no
podía aceptar un premio al periodismo, cuyo propósito es apoyar la
libertad de expresión, dado que entre los disidentes apresados en Cuba
habían varios escritores y alrededor de 20 reporteros.
El factor determinante en la aglutinación de este consenso multilateral
sin precedentes sobre Cuba fue ese despreciable acto de represión. En
lugar de detallar aquí las injusticias de la represión del régimen
cubano, señalaré a la comisión el magnífico informe de Amnistía
Internacional titulado "¿Medidas esenciales? Arremetida contra los
derechos en nombre de la seguridad", que es una descripción
extremadamente completa y creíble de la mecánica de la brutalidad de
Castro. Es importante anotar que las acciones del régimen cubano no son
una muestra de su fuerza, sino de miedo -- miedo a su propio pueblo y
miedo a que no sobreviva a la muerte de Castro. Como recientemente dijo
el distinguido académico cubano exiliado Juan Antonio Blanco, el régimen
sentenció a gente a largas condenas de cárcel por tener una decrépita
máquina de escribir para enviar un simple mensaje: el régimen tratará a
los cubanos que buscan pacíficamente sus libertades fundamentales "con
el mismo implacable rigor con que antes aplastó la oposición armada a la
revolución". El régimen sabe que está peleando por su vida.
Es una pelea que el régimen perderá. En su magnífico análisis y llamado
a la acción, publicado en The Washington Post el 21 de septiembre, los
ex presidentes de Europa Oriental, Vaclav Havel, Arpad Goncz y Lech
Walesa, cada uno resultado del paso de su propio país de la represión a
la democracia, dijeron que, incluso luego de la represión "las voces de
los cubanos que piensan libremente se hacen más fuertes, y eso es
precisamente lo que a Castro y su gobierno le preocupa".
Esa represión hizo que nuestros aliados europeos y algunos
latinoamericanos denunciaran al régimen en algunos de los términos más
radicales y urgentes. Las naciones de América Latina encabezaron el
esfuerzo en la Comisión de Derechos Humanos 2003 para lograr la
aprobación de una resolución sobre Cuba.
Se ha registrado un incesante tronar de críticas y pedidos de justicia
desde que tuvieron lugar los brutales actos de Castro. En marzo la Unión
Europea (UE) condenó los arrestos de los 75. El 30 de abril la Comisión
Europea decidió aplazar indefinidamente la solicitud de Cuba para
integrarse al acuerdo Cotonou, un acuerdo de comercio preferencial. El 5
de junio la UE anunció su decisión de aplicar las siguientes medidas:
limitar las visitas gubernamentales de alto nivel, reducir el perfil de
la participación de los estados miembros en los actos culturales, e
invitar a los disidentes cubanos a la celebración de las fechas patrias.
En abril la Comisión Interamericana de Derechos Humanos declaró su
profunda preocupación por la violación de los derechos de los cubanos
por el régimen, y en mayo 17 estados miembros de la OEA, entre ellos 14
de los vecinos latinoamericanos de Cuba, emitieron una declaración
citando el arresto y las severas condenas de los 75 ciudadanos cubanos
que ejercían sus derechos fundamentales. En abril fue aprobada la
resolución de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones (CDHNU)
sobre Cuba, pidiendo la visita a Cuba de un representante personal del
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El
gobierno cubano rechazó recibir la visita. Tanto la Cámara de Diputados
como el Senado de Chile aprobaron resoluciones oponiéndose a la
arremetida, como lo hizo el Parlamento de América Central.
Hay desafíos a la insistencia multilateral en el cambio.
Predeciblemente, tras la arremetida el régimen trató, pero fracasó, de
excusar la represión como una reacción justificable ante las actividades
pro democráticas del titular de la Sección de Intereses de Estados
Unidos, Jim Cason. Cason ha hecho una gran labor en apoyo del desarrollo
democrático y de la sociedad civil en Cuba. Esa es nuestra política en
Cuba y, de hecho, en todo el hemisferio. Jim aplicaba la política
bipartidista de Estados Unidos y todos tenemos todas las razones para
estar orgullosos de su trabajo allí.
Cuba fracasó miserablemente en sus esfuerzos para culparnos o, por
extensión. de "culpar a las víctimas", al implicar que la oposición
obtuvo lo que se merecía por haberse reunido con personal de la Sección
de Intereses. (Es más, una de las ridículas "pruebas" contra el poeta
Raúl Rivero, condenado a 20 años en el gulag de Castro, es que era
propietario de dos sillas de plástico en las que una vez se sentaron
diplomáticos de Estados Unidos). Otra acusación contra uno de los
disidentes condenados fue haberse encontrado con un congresista de
Estados Unidos.
Hay otros desafíos. Los países europeos son los principales
inversionistas extranjeros en Cuba, y a pesar de que recientemente
Castro ha denunciado a líderes europeos, especialmente al presidente del
gobierno español José María Aznar y al primer ministro italiano Silvio
Berlusconi, en los términos más insultantes, sabemos que algunos de
ellos argumentan erróneamente que la política de insistir en la justicia
para los 75 prisioneros de conciencia de alguna manera "coloca a Europa
demasiado del lado de Estados Unidos". Esas personas aseveran que Europa
es más efectiva en presionar en favor del cambio siguiendo una política
diferente a la de Estados Unidos, una posición paradójica, dado que la
esencia de nuestra política es favorecer el cambio democrático. En
cualquier caso, consideramos de que mientras la coalición dentro la UE
en favor de la justicia para los 75 siga intacta, los intereses
comerciales, y ese deseo de ser distintos de nosotros seguirá sirviendo
de motivación para algunos para buscar un retorno a la política anterior
de participación.
Los desafíos a un enfoque multilateral en América Latina son complejos.
Nuevamente, hablando con franqueza total, habría sido extremadamente
gratificante ver a más gobiernos de América Latina hablar directamente
en favor del cambio en Cuba y en contra de la represión. Como dijera el
secretario tan elocuentemente en Santiago en junio, luego de la Asamblea
General de la OEA: "¿Cómo podríamos nosotros, como comunidad de
democracias que ha visto lo que hemos sido capaces de lograr en este
hemisferio durante los últimos quince o veinte años, dejar de hablar
sobre lo que Castro le está haciendo a su propio pueblo?"
Es mi profundo deseo, y la asumo como misión personal, alentar una mayor
participación de los gobiernos de América Latina para apoyar la búsqueda
de la democracia y el desarrollo en Cuba, en concordancia con nuestro
compromiso, como articula la Carta Democrática Interamericana.
Por primera vez en 20 años el mundo no está obsesionado con el embargo
de Estados Unidos, sino más bien con la dictadura que es objeto de
nuestra política. Hay unanimidad virtual en Estados Unidos en cuanto a
que el pueblo cubano estará mucho mejor el día que el régimen de Castro
pase a la historia. Aunque no todos coincidamos en la táctica para
apurar ese día, me parece lógico reservar cualquier otra concesión para
usarla para motivar a un gobierno de transición, a remover los vestigios
de la vieja dictadura corrupta y emprender las reformas políticas y
económicas más profundas. No adelantamos ninguna de nuestras metas
haciendo concesiones unilaterales a una dictadura decrépita. Es más, a
pesar de algunas diferencias de opinión, espero que podamos utilizar
nuestra energía común para favorecer objetivos compartidos, como el
hallar maneras más creativas, más efectivas de ayudar al pueblo cubano a
prepararse para un futuro más feliz sin Castro.
Programas estadounidenses para promover la democracia y los derechos
humanos
Es evidente que con Castro no puede haber reforma en Cuba. La Iniciativa
del Presidente Bush para una Nueva Cuba retó al gobierno de Castro a
emprender reformas políticas y económicas. El presidente dejó sentado
que su respuesta tales reformas concretas sería trabajar con el Congreso
de Estados Unidos para aliviar las restricciones al comercio y los
viajes entre Estados Unidos y Cuba. Por primera vez desde que llegó al
poder el régimen de Castro, Estados Unidos ofreció parear las medidas
del gobierno de Cuba en dirección de la libertad y unos mercados más
abiertos, con medidas para aliviar el embargo y las restricciones a los
viajes. De modo que no es sorprendente, el régimen de Castro rechazó
esta oportunidad de ayudar a llevar a su país hacia un aterrizaje suave.
La administración no esperará a que Fidel Castro demuestre que está
interesado en el cambio, porque, desafortunadamente para él y para Cuba,
no creemos que llegue ese día. Lo que seguiremos haciendo es
concentrarnos en acciones concebidas para acelerar y dar forma a los
cambios democráticos que busca el pueblo cubano. Con ese fin,
procederemos a:
-- Mantener y aumentar nuestro apoyo a la creciente sociedad civil de
Cuba. Se ha hecho mucho; necesitamos redoblar nuestros esfuerzos en este
clima de represión incrementada, haciendo entrar en juego a nuevos
actores cubanos e internacionales.
-- Aumentar los esfuerzos para romper el bloqueo de información que le
ha impuesto Castro al pueblo cubano. Ya se han dado pasos para mejorar
la efectividad de radio y televisión Martí mediante medidas técnicas
innovadoras.
-- Mantener el impulso multilateral e internacional contra los abusos
del régimen y en favor del cambio fundamental, lo que aumentará la
presión sobre el régimen mismo. El consenso internacional que generó
Castro al revelar la verdadera y opresiva naturaleza de su gobierno es
el factor individual nuevo más importante en la empresa para alentar el
desarrollo democrático en Cuba. Colaboraremos con gobiernos extranjeros,
con parlamentos regionales, con las internacionales de los partidos
políticos, y con todas las organizaciones internacionales disponibles
para dejar sentada la insistencia de la comunidad internacional en la
verdadera reforma.
-- Mantener nuestra presión en las cuestiones de derechos humanos en
general, inclusive colaborando con gobiernos de tendencia similar para
obtener una resolución sobre Cuba de la Comisión de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas, que refleje el consenso internacional sobre la Cuba
de hoy.
-- Realzar nuestro perfil en los terrenos de la diplomacia pública y los
asuntos públicos, en particular para transmitir nuestro mensaje de apoyo
al pueblo cubano en favor de un cambio rápido y efectivo en Cuba.
-- Creo que es esencial aumentar nuestro contacto con el Congreso acerca
de los acontecimientos en Cuba y con respecto a nuestra política, y me
he comprometido a sostener discusiones regulares con las comisiones
pertinentes a fin de lograr esto.
-- Continuaremos trabajando para asegurarnos de que los viajes de
norteamericanos a Cuba estén constantemente de acuerdo con nuestras
metas políticas. Hemos comenzado este proceso eliminando y refinando las
categorías de licencias. En colaboración con la OFAC, del Departamento
de Hacienda, y otras agencias involucradas, procuraremos también
acciones legales contra aquellos que viajen en violación de la ley.
-- Hemos tomado varias medidas para enfrentar los retos del espionaje
cubano contra Estados Unidos, insistiendo en que los representantes de
Cuba en este país sean diplomáticos auténticos y no espías.
-- Seguimos reclamando trato recíproco para el personal de la Sección de
Intereses Cubanos, comparado con el trato de Cuba a nuestros
diplomáticos en La Habana.
-- La administración sigue comprometida a tomar medidas concretas,
utilizando los instrumentos legales de que disponemos, para encarar el
tráfico de corporaciones extranjeras en propiedades confiscadas por el
régimen a norteamericanos.
Conclusión
Estamos en el partido final de la larga brega del pueblo cubano con la
dictadura. Cuando el papa Juan Pablo II hizo en 1996 su viaje de regreso
a una Nicaragua libre, llamó a la década de opresión en ese país, a
cargo de un grupo pequeño y no representativo, una "larga y oscura
noche". La noche cubana ha sido más larga y más oscura, pero creemos que
tenemos una oportunidad de ayudar al pueblo cubano a ponerle fin, y que
hemos establecido la política adecuada para ayudarlo a hacerlo así.
Hay en el horizonte una lucecita de esperanza real. Nuestros aliados,
especialmente en Europa, insisten con nosotros por el cambio real, de
una manera sistemática y sin precedentes. Aun más alentador es el hecho
de que los cubanos que siguen los dictados de su conciencia y están
comprometidos con la democracia y la reforma trabajan por el cambio día
tras día. La represión no aplastó a la oposición, sino que, más bien,
les ha imbuído a los activistas que quedan un nuevo sentido de urgencia
y misión. Oswaldo Payá ha dicho que está reconstruyendo su red de
activistas de la sociedad civil, y los relatos de abusos del régimen
contra presos políticos enfermos como Raúl Rivero y Marta Beatriz Roque
proporcionan motivación adicional a estos cubanos que siguen los
dictados de su conciencia. Para citar otra vez a Havel, Walesa y Goncz,
"la oposición interna se vuelve más fuerte, no ha sido puesta de
rodillas por la redada policial de marzo último, los tiempos cambian, la
revolución envejece y el régimen se pone nervioso". Yo no podría
concordar más vigorosamente con esto.
Dado que estamos en el partido final, no hay nada más importante para
nosotros que mantener el rumbo. Este no es el momento de experimentar en
Cuba tácticas nuevas, tal vez bien intencionadas pero fundamentalmente
erradas, que creemos fortalecerían al régimen, no se encaminarían al día
de la reforma fundamental. En lugar de ello, necesitamos continuar
basándonos en la coalición multilateral por el cambio y tendiéndoles la
mano a los valientes hombres y mujeres en Cuba, que algún día verán que
sus esfuerzos dan fruto.
Gracias.
(termina el texto)
(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional
del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web:
http://usinfo.state.gov/espanol).
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