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NOTICIAS
25 años por
espiar para Cuba
RUI FERREIRA
El Nuevo Herald
Un juez de Washington sentenció ayer, discretamente, a una analista del
Pentágono a 25 años de cárcel por espiar para Cuba, en lo que parece ser
reflejo de una división dentro de la administración sobre el caso.
Al contrario de otras detenciones, como la del agente de la Agencia
Central de Inteligencia (CIA) Aldrich Ames y del funcionario de la
Oficina Federal de Investigaciones (FBI) Robert Hanssen, la fiscalía no
ha revelado la aplastante mayoría de los detalles del proceso que
llevaron a Ana Belén Montes a ser sentenciada, tras declararse culpable
de espiar durante 16 años para el régimen cubano.
De hecho, sólo en contadas ocasiones ha revelado información, como en la
declaración jurada que dio origen al encausamiento formal, después de
que Montes, de 44 años, fue detenida a fines de septiembre del 2001 en
las instalaciones de la Agencia de Inteligencia de Defensa, donde llegó
a ser analista principal para asuntos cubanos.
Montes fue acusada de entregar a Cuba secretos de estado, de revelar la
identidad de cuatro agentes encubiertos estadounidenses en la isla y de
dar detalles de la vigilancia sobre sistemas de armamentos cubanos y de
una maniobra militar realizada en el Atlántico en 1996.
''Muchos de los documentos eran tan clasificados que no pudieron ser
mostrados en el tribunal, ni siquiera se podían discutir con el juez, o
[especificar] el tipo de acceso que ella tuvo a ellos'', explicó la
congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen.
Pero según fuentes en la comunidad de inteligencia, el arresto de Montes
fue acelerado por los atentados del 11 de septiembre, lo cual condicionó
todo el proceso.
Al parecer, durante todo este año en que los abogados negociaron su
sentencia con la fiscalía, dentro de la administración dos corrientes
chocaban sobre si hacer o no pública la extensión del daño que ella
provocó, señalaron las fuentes.
Por un lado, los departamentos de Justicia y Defensa se opusieron a la
divulgación de los detalles, mientras que la CIA y el FBI querian que, a
modo de ejemplo, fueran divulgados.
''La idea que ha prevalecido es la de no abrir nuevos frentes de tensión
más allá del de Irak'', aseguró el veterano analista de asuntos cubanos
Ernesto Betancourt.
Gran parte de la resistencia, supo El Nuevo Herald, vino personalmente
del secretario de Justicia, John Ashcroft, y del de Defensa, Donald
Rumsfeld, quienes no quisieron que la opinión pública se distrajera de
los esfuerzos de Estados Unidos hacia Irak con un serio caso de
espionaje dentro del país.
''Si empiezan a revelar los detalles del caso, la opinión pública
pudiera preocuparse más con un problema a 90 millas de sus costas, en
vez de otro tan lejos como el Medio Oriente'', añadió Betancourt.
En la declaración que leyó en un tribunal de Washington, Montes rehusó
ayer pedir disculpa por sus actos. Por el contrario, expuso los motivos
que la llevaran a trabajar durante 16 años para la inteligencia cubana.
''Me sentí moralmente obligada a ayudar la isla a defenderse de nuestro
esfuerzos para imponerle nuestros valores y sistema político. Jamás
respetamos el derecho de Cuba a seguir su propio camino hacia sus
ideales de igualdad y justicia'', indicó Montes, quien admitió que sus
acciones pudieran ser ''moralmente'' equivocadas, pero fueron ``un acto
de justicia''.
El juez, Richard Urbina, le dijo solamente que ``si no puede amar a su
país, lo menos que podía hacer era no lastimarlo''.
Después de la sentencia, los fiscales declararon que esperaban que
Montes se mostrara arrepentida, pero reconocieron que el tono de la
declaración fue parte del arreglo de declararse culpable a cambio de una
sentencia de 25 años, e informar a las autoridades sobre las actividades
de espionaje cubano en Estados Unidos, reveló el fiscal federal Roscoe
C. Howard.
No obstante, Howard añadió que pese a que llegaron a un acuerdo con
Montes, ella ``cometió una traición''.
En marzo pasado, Urbina retiró la custodia de Montes al Departamento de
Alguaciles y la puso bajo las órdenes del FBI por tiempo indefinido,
para poder cumplir la parte del acuerdo de culpabilidad que la obliga a
detallar las operaciones cubanas en Estados Unidos de su conocimiento.
Montes, de ascendencia puertorriqueña, fue aparentemente reclutada por
la inteligencia cubana cuando trabajaba en la Oficina de Libertad de
Información del Departamento de Justicia, entre 1979 y 1985.
Posteriormente se trasladó al Pentágono, donde se transformó en la
persona clave sobre asuntos cubanos.
La espía puede salir en libertad en dos décadas si mantiene una buena
conducta en la cárcel.
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