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WILLIAM NAVARRETE
Los gladiolos de la
libertad
Herencia, n° 2, verano 2005
Me gustaría saber en qué país del mundo las esposas y madres de los
condenados a excesivas penas de prisión, a vejaciones y chantajes, por
simple delito de opinión, exhiben, como únicas armas un gladiolo en sus
manos y un cántico esperanzador de libertad. Me gustaría saberlo porque es
conocido que la historia no escasea de mujeres guerrilleras, de mujeres
milicianas, de mujeres kamikazes, de mujeres que se unen a los hombres para
hacer que granadas y bombas exploten llevándose a los predios insondables de
la muerte a miles de inocentes. También me gustaría saberlo porque contra
éstas no se escucha vituperio alguno, como si hacer la guerra y sembrar el
caos, la confusión y el pánico fueran por derecho de justeza pecadillos que
no merecen atención alguna.
Sin embargo, ellas, las Damas de Blanco, las mujeres cubanas que cada
domingo asisten pacíficamente a la misa de la iglesia habanera de Santa
Rita, en el reparto de Miramar, sólo llevan consigo el color de la paz en
sus atuendos y una voluntad inquebrantable de enfrentarse al totalitarismo
castrista para exigir los derechos que los cubanos han perdido desde hace
más de cuatro décadas.
Ahí están ellas, muy dignas, y como bien señaló el periodista independiente
cubano Manuel Vázquez Portal, encarcelado a raíz de la Primavera Negra del
2003, excarcelado y luego desterrado, en su sentido homenaje "Explosión de
los lirios", son ellas la esperanza de Cuba y en las filas del movimiento
espontáneo que las alienta sus nombres y profesiones representan un vasto
espectro del pueblo cubano.
Al exigir la amnistía de sus esposos, hermanos e hijos están reclamando la
libertad de todos los prisioneros políticos del totalitarismo, están
simbolizando ante el mundo la lucha pacífica de las mujeres por los derechos
de todos los ciudadanos. En diferentes ocasiones, casi siempre en fechas
simbólicas marcadas por el aniversario de la oleada represiva del 2003, han
desfilado, al descubierto, por las calles de La Habana. Se han dirigido a
las altas instancias políticas del gobierno, a la eufemística Asamblea
Nacional del Poder Popular, a los órganos de la prensa monolítica, han
recogida firmas, se han dirigido a periodistas acreditados y a
representantes diplomáticos. En otras palabras: no han tenido miedo, no han
desfallecido un solo instante.
También han sido víctimas de contramanifestaciones orquestadas por el
régimen y se han enfrantado con sus cantos de paz a la chusma de las
federadas uniformadas, esa organización politizada que es tal vez uno de los
mejores ejemplos de la militarización de la vida cívica cubana y una de las
violaciones más escandalosas de los derechos humanos ante el mundo.
Sin embargo, en la obsesión de no ofrecer al pueblo cubano el derecho a la
libertad, son pocos los articulistas y pocos los políticos extranjeros que
se interesan en ellas. Se les ve poco en la prensa, contrariamente a
aquellas madres argentinas de la Plaza de Mayo – cuya cabecilla se besuquea
ahora con el decrépito caudillo – que salían hasta en los programas de
entretenimiento, en las tardes ociosas de domingos.
Digo que se les ve poco y tal pareciera que se intenta ocultar con los
gladiolos que empuñan, la luz de la verdad que están vociferando cada día a
los oídos sordos del mundo.
Pero no están solas. Con ellas, junto a Laura Pollán, a Gisela Sablón
Delgado, a Beatriz del Carmen Pedroso León, Yolanda Huerga, Isabel Ramos ,
Eduarda Caridad Lazaga, Alida Viso Bello, Catalina Cano, Miriam Leyva, Alida
Molina, Alicia Rojas, Elizabeth Pruneda, Bertha Antúnez, Elsa Morejón, Reina
Tamayo Danger, Nancy Alfaya, Asela Vega, Loida Valdés, Tania Núñez, Yamilé
Llanes, Magaly Broche, Dulce Amador Morales, Bertha Soler, Bárbara Rojo
Arias, Bárbara Collazo, y muchas más, junto a todas ellas, están cientos de
mujeres cubanas del exilio.
Junto a ellas están Martha Frayde, María Elena Cruz Varela, Zoé Valdés,
Ileana Fuentes, Gina Pellón, Madeline Cámara, Andrea Herrera, Nancy Pérez
Crespo, Gloria Leal , Laida Carro, Janisset Rivero, Yolanda del Castillo,
Lourdes Abascal, Sylvia Iriondo, Irma Alfonso, Belkis Cuzá Malé, Iraida
Iturralde, Sara de la Vega, Rosa Berre, Lourdes Pagani, Olivia Ocampo, Maya
Islas, Grace Piney Roche, Rosa Leonor Whitmarsh, Marilú del Toro, Esperanza
de Varona, Lesbia Orta, Bertha Mexidor, Georgina Zayas-Marrero, Anolan
Ponce, Caridad Roque, Mercedes Cros Sandoval, Laura de Oña, Mirtha Caraballo,
Teresa Benach, Olga Guillot, Josefina Vento, Gladys Triana, Olga Nodarse,
Alina Fernández, Ana Margarita Martínez, Estrella Ogden, María Eugenia
Cosculluela, Ena R. Columbié, Eyda Machín, Gina Montaner, Lira Campoamor,
Mae Liz Orrego, Carmen Karin Aldrey, Julieta Navarrete Valls, Marisela
Verena y tantas más, cubanas que viven en libertad y alzan sus voces en
favor de las cautivas.
Junto a ellas estamos todos, los que velamos por Cuba y la libertad, y está
también el milagro siempre renaciente de las flores para que los gladiolos
sean los rifles con que nos burlaremos siempre del odio, el silencio y de la
mezquindad.
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