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WILLIAM NAVARRETE
Gordiano Lupi: mirada italiana de un alma cubana
El Nuevo Herald, 29 de mayo de 2005
En Piombino, una pequeña ciudad toscana de la provincia de Livorno, a
orillas del Mediterráneo, camino de Roma y punto de partida para la célebre
isla de Elba, vive el escritor y editor italiano Gordiano Lupi (Piombino,
1960). Allí el mar es omnipresente y durante muchos siglos a través de él se
comunicaba la ciudadela milenaria con la península y el resto de Europa.
Tal vez sea, parafraseando los versos del habanero Virgilio Piñera, ''la
maldita circunstancia del agua por todas partes'', lo que llevó a Lupi a
interesarse desde su ''casi-isla'' a aquella otra que también lo es ''casi''
por cuanto no es una sola y explorar en sus propios escritos y mediante la
publicación de obras de autores cubanos, su extraña circunstancia
contemporánea.
Para Lupi, demócrata convencido, Cuba ejerce una fascinación más allá de las
barreras políticas que --y lo dice sin titubeos-- ''deben caer
definitivamente''. La primera de sus obras que aborda una temática cubana es
Il mistero di Incrucijada (El misterio de la encrucijada, 2000), concebida
como una historieta del género de horror en torno a temas referidos a la
santería y la magia negra. A ésta le sigue en orden Il giustiziere del
Malecón (El justiciero del Malecón, 2002), noveleta de acción y misterio,
donde un crimen a principios de este siglo da pie a toda una ambientación
del área de La Habana en donde campea la prostitución femenina y el
proxenetismo, males sociales que son, en este caso, más que un simple telón
de fondo de la apasionante historia.
Además de otras obras de temas cubanos entre las que se destacan Nero
tropicale (Negro tropical, 2003) y Tomás Milián, vida y obras de un actor
(2004), Lupi ha cultivado el ensayo y escrito un volumen sobre los ritos
mágicos de la isla (Cuba mágica, 2003) y otro sobre la música (Un'isola a
passo di son, 2004). Toda esta labor Lupi la ha estado realizando para
contrarrestar el discurso de quienes en Italia llevan la voz cantante con
respecto a Cuba, pequeños grupos de intelectuales de la extrema izquierda
que simpatizan incondicionalmente con el régimen y que ocupan, desde hace
décadas, la parte más visible de la información que circula sobre la isla en
la península.
Por eso, Lupi ha querido también publicar la obra de cubanos del exilio, de
aquellos que han huido del ''paraíso'' que tanto celebran los
incondicionales del régimen en Italia. Así ha traducido y editado la obra de
Alejandro Torreguitart Ruiz, un joven habanero nacido en 1979, establecido
en Milán y autor de la novela Machi di carta-confessioni di un omosessuale
(2003) y del relato La marina del mio passato (La Marina de mi pasado),
publicados por Lupi.
Para el año en curso, Gordiano Lupi prepara una antología de poesía cubana
disidente, un libro en el que se publicarán por primera vez en italiano
poesías de prisioneros políticos cubanos del grupo de los 75 encarcelados de
la Primavera del 2003. ''Es necesario que la realidad de estos hombres y el
valor con que se enfrentan al régimen se conozca en Italia'', apunta el
editor quien despliega a su vez una importante campaña para divulgar la obra
de cubanos del exilio en revistas literarias y periódicos italianos, además
de en múltiples ferias literarias.
Quienes conocen Italia saben cuán equivocadamente mediatizada está en este
país la información sobre Cuba. Lo sabía la periodista Laura Gonsalez,
fundadora del Comité Italiano por los Derechos Humanos en la isla, quien
acaba de fallecer recientemente en Roma. Lo saben los autores cubanos que
viven en este país y que sus obras no despiertan interés alguno en las casas
editoriales por su simple condición de exilados (prueba de ello es que
exista sólamente un libro de Reinaldo Arenas publicado y traducido al
italiano). Lo sabe también Lupi a quien no han faltado críticas y otras
tantas deserciones por atraverse a contrarrestar el discurso monolítico de
quienes colaboran con el régimen de La Habana.
Puede que el camino sea largo y que el trabajo requiera paciencia, pero
Gordiano Lupi, como todo el que moldea la letra y escribe la historia, viste
su mejor coraza, la de la verdad, para derrumbar mitos y reconstruir,
serenamente, la historia desprovista de intereses mezquinos y disimulos. Su
labor por Cuba, su cultura y su futuro lo sitúan ya, además de la familia
que ha constituido, entre los italianos que han dejado la parte buena de su
alma entre las palmas.
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