La sacarocracia como élite
fundacional de Cuba
El Nuevo Herald, 22 octubre 2006
Conocido es que la historia de la formación y
consolidación de una nación depende y está ligada
indisolublemente al reglón económico fundamental del
país y a los individuos relacionados con él. Tal es
la tesis principal de La Sacarocracia. Historia de
la Aristocracia Azucarera Cubana (Ed. Ego Group,
2006), del Dr. Rubén C. Arango (La Habana, 1938),
profesor de historia, lengua y literatura españolas
de St. Thomas University.
Desde los orígenes mismos de la colonización en
Cuba, el autor de este enjundioso libro de historia,
sitúa el centro neurálgico de la progresión de la
Isla en la ciudad de La Habana. En ella, en un
inicio, se entretejieron lazos familiares que
constituyeron durante tres siglos una madeja
enrevesada de alianzas que emparentaba, por así
decirlo, a todos los individuos de las clases
pudientes. Algo que, a la larga, favoreció el
desarrollo de la colonia, la emancipación de la isla
y la necesidad del establecimiento de la República,
en 1902.
Se detiene el autor, con rigor y exhaustiva búsqueda,
en las familias fundadoras de la capital cubana:
Roxas, Sotolongo, Velázquez de Cuéllar, Cepero,
Pérez-Borroto, Recio (uno de sus miembros, Antón
Recio, fue el fundador de Guaicanámar, primera
fábrica de azúcar de importancia en el poblado
actual de Regla), entre otras. Con las que no tardan
en fundar alianzas otros apellidos que llegan
también a la isla durante el siglo XVI: Calvo de la
Puerta, Cárdenas, Peñalver, Beltrán de Santa Cruz,
Pedroso, Guilizasti, y otros. De las uniones entre
éstos y descendientes de las familias fundadoras
surgió la matriz del poder económico, político y
social del Occidente cubano, y en ella intentan
insertarse los que llegan a La Habana partir del
siglo XVII y desean un ascenso social: los Montalvo,
O'Farrill, O'Reilly, Barreto, Aróstegui, Arango, Du
Quesne, Chacón, Núñez del Castillo, González de
Carvajal, Lombillo, entre otros.
El autor, basándose en los estudios de genealogía ya
publicados, da pormenores del origen de cada título
nobiliario cubano hasta la actualidad. Esta nobleza
cubana que la historiografía tradicional y la ''vox
populi'' ha llamado peyorativamente ''los condes del
azúcar'', tiene orígenes diversos y no todos se
ennoblecieron gracias a los impuestos y regalías que
ofrecían, en este sentido, a la corona española. Tal
vez el caso más significativo sea el de quienes se
destacaron en acciones de resistencia o defensivas
durante la toma de La Habana por los ingleses, en
1762.
La Sacarocracia extiende su estudio a los
latifundios azucareros de Trinidad y la región del
actual Cienfuegos (familias Terry, Iznaga, Borrell,
Brunet y Bécquer), donde sí queda justificado el
título del libro, dado que en esa región la élite
surgió directa y exclusivamente emparentada con la
actividad azucarera. Sin embargo, ni se aclara ni
estudia --quizás por razones de tiempo y espacio--
el mismo fenómeno más allá de las fronteras de Las
Villas, en la región camagüeyano-oriental, donde la
oligarquía (sacarócrata o no) se convierte en el
caldo de cultivo de las guerras de independencia
cubanas, en mucho debido a la posición excéntrica
que ocupaban con respecto al polo central habanero
de poder.
Aún así, La Sacarocracia --que casi hubiera valido
la pena llamar ``La oligarquía del Occidente cubano''--
explora el fin del XVIII y el XIX cubanos, y explica
muy bien la incorporación a la vida de la colonia de
nuevos clanes de poder económico relacionados con la
trata negrera, las innovaciones tecnológicas y el
gran capital azucarero (los Diago, Madan, Drake,
Alfonso, Villa Urrutia, hasta el consorcio familiar
de los Cuesta-Manzanal, González-Larrinaga y Pérez
de Urría) que, como lo hiciera la burguesía francesa
de ese mismo siglo, intentan por la vía del
matrimonio mezclar sus linajes sin renombre al de
las familias aristocráticas fundadoras para
legitimar su capital mediante el prestigio de cepa.
También se hace eco el autor de los accidentes
políticos entre criollos y peninsulares,
anexionistas y reformistas, independentistas y
monárquicos, hasta la decadencia del régimen
colonial en Cuba y la entrada del capital
norteamericano en la coyuntura económica cubana. Un
bosquejo general de la Cuba republicana y la
situación actual, un apéndice de ingenios cubanos y
una extensa y bien cuidada bibliografía, amén de un
utilísimo Indice Onomástico, completan las 558
páginas de este valioso trabajo de investigación que
entrega Rubén C. Arango a los cubanos e
investigadores de temas relacionados con la historia
de Cuba.
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