'Las Damas de Blanco' un volumen con 24 testimonios
El Nuevo Herald, 22 octubre 2006
En ocasiones ciertos testimonios sobre hechos reales
parecen pertenecer más bien al ámbito de la ciencia
ficción. Sucede a menudo cuando oímos o leemos un
hecho, que aunque verídico, nos resulta en extremo
irreal y absurdo. Tal vez sea ello lo que haría del
libro Las damas de blanco un volumen de ficción
literaria, si no supiéramos que lo que cuentan, a lo
largo de sus testimonios, 24 esposas, madres y
hermanas de prisioneros políticos cubanos arrestados
durante la Primavera Negra del 2003, es demasiado
real como para hacernos creer que se trata de simple
enajenación literaria.
Veinticuatro testimonios de la sórdida cotidianeidad
de estas cubanas, galardonas en 2005 con el
prestigioso premio Andrei Sajarov que otorga el
Parlamento Europeo, recoge bajo el título de Las
damas de blanco (CADAL, Buenos Aires, 2006) la
periodista chilena Erika Lüters Gamboa, quien desde
hace algún tiempo se involucra en temas relativos a
la defensa de los derechos humanos y de la libertad
de expresión en América Latina, desde las páginas
del rotativo chileno ''El Mercurio'', para el cual
trabaja.
A los testimonios, obtenidos por vía telefónica y
con no poca dificultad --nos aclara la autora--, les
anteceden unas palabras de presentación de Gabriel
C. Salvia, Director General del Centro para la
Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL),
así como un prólogo de José Miguel Vivanco, Director
General de las Américas en el Human Rights Wacht. El
primero de ellos incluye en su totalidad el texto
Explosión de los lirios del periodista cubano
encarcelado durante la Primavera Negra, Manuel
Vázquez Portal y establece un paralelo entre la
indiferencia con que, en sus inicios, fueron
acogidas por la prensa y sus conciudadanos, las
madres de la Plaza de Mayo en Argentina; y cómo,
poco a poco, el movimiento, al igual que el de las
Damas de Blanco en Cuba, fue rompiendo las barreras
de la censura y adquiriendo renombre internacional.
Por su parte, José Miguel Vivanco, expone en su
prólogo cómo en la madrugada del 18 de marzo de 2003
los agentes de las fuerzas de seguridad del Estado
cubano allanaron domicilios de civiles para
confiscar sus materiales de trabajo y arrestar a
decenas de hombres que trabajaban de forma pacífica
para minar las bases del totalitarismo en la Isla.
Vivanco resalta que el grupo de las Damas de Blanco
surgió de manera espontánea y que las mujeres que lo
integran profesan diferentes credos religiosos y
posiciones políticas a pesar de que se reúnen,
simbólicamente, cada domingo en la Iglesia católica
de Santa Rita, sita en la barriada habanera de
Miramar.
En las páginas del libro encontramos testimonios de
muchas de estas mujeres. Leemos, por ejemplo, el de
Isel de las Mercedes Acosta Obregón, esposa del
prisionero Blas Giraldo Reyes Rodríguez, condenado a
25 años de cárcel que cumple en la Prisión
Provincial Nieves Morejón de Sancti Spíritus. Desde
niña, Isel ha convivido con el dolor de la
separación familiar. Con apenas diez años vivió en
carne propia la limpieza del Escambray, cuando su
padre fue desterrado de la región de Las Villas y
enviado a los campos de trabajo forzado en Pinar del
R��o hasta que en 1975 se le permitió vivir en el
pueblo cautivo de Sandino --el más occidental de la
isla-- construido por régimen, ''sin aceras y con
calles que se volvían pantanos'' cuando llovía,
para alojar en él a los ''reconcentrados'' de Las
Villas, como fue el caso de su padre.
También está el testimonio de Milka Peña Martínez,
residente en Puerto Padre y esposa de Luis Enrique
Ferrer García que cumple una condena de 28 años de
cárcel --la más alta del grupo de los 75-- en la
prisión de Mar Verde, Santiago de Cuba. El acusado
no permitió que ningún abogado lo defendiera durante
el juicio e invitó al juez a firmar el Proyecto
Varela, razón que le valió la condena más elevada
del grupo. Milka le puso a su hija de dos años,
nacida durante el cautiverio de su esposo, Libertad.
A Luis Enrique lejos, de que se le suavizara el
régimen carcelario se le aumentó la severidad en el
trato: ahora sólo puede recibir visitas cada seis
meses, en lugar de los dos meses previstos
inicialmente.
Otros relatos elocuentes, como el de Yamilé Yáñez,
en Las Tunas, esposa de José Luis García Paneque
condenado a 24 años de cárcel y el de Loida Valdés,
desde Artemisa, esposa de Alfredo Felipe Fuentes,
condenado a 26 años de prisión, aparecen en el libro.
Yáñez cuenta cómo, por ejemplo, a una de sus hijas
la obligaron en la escuela a escribir una carta de
solidaridad con los cinco espías cubanos detenidos
en Estados Unidos.
A estos testimonios se suman los de otras 20 Damas
de Blanco entrevistadas por Lüters Gamboa. El
sufrimiento de estas familias, las situaciones
inverosímiles que han vivido, son, sin lugar a dudas,
escalofriantes. Tal vez, para el lector que vive en
democracia pudieran parecer relatos fantásticos y
absurdos emanados de alguna imaginación original y
fértil. Por el momento, no son más que dolorosas
pruebas de la represión descomunal sobre todo un
pueblo y también del extraordinario valor, cada día
más acrecentado, de las mujeres cubanas.
|
|
|
|