El erotismo y el
deseo en las letras cubanas
El Nuevo Herald, 16 de julio de 2006
Con el sugerente título de ¡Ay, qué rico!, la
editorial Aduana Vieja presentó en la 37 Feria del
Libro de Valencia, la compilación de ensayos de la
investigadora española María Luisa Ochoa Fernández,
cuya portada ha sido ilustrada con el simbólico óleo
Paz lírica, del pintor cubano Mariano Suárez
del Villar (1929-1996).
Autora de numerosos textos sobre literatura cubana,
Ochoa nos presenta ahora trece ensayos que, desde el
período colonial hasta nuestros días, exploran en
autores y textos literarios, las connotaciones
explícitas e implícitas del sexo en obras escritas
por cubanos de todos los tiempos y en circunstancias
diversas.
Cuatro autores ahondan en el erotismo desde la
perspectiva de la época colonial. Alberto Guillén
Abao, especialista de la Universidad gaditana,
estudia el fenómeno de la prostitución en Cuba a
finales del siglo XIX y para ello utiliza el informe
publicado en 1888 por Benjamín Céspedes. Nota
curiosa es la mención del periódico La Cebolla,
editado por prostitutas de La Habana colonial y que,
a decir de Guillén, se organizaban casi de forma
empresarial. La ensayista Madeline Cámara, por su
parte, ofrece un enjundioso ensayo sobre la novela
Cecilia Valdés, al que se suma un ensayo de
Melissa Blanco en que el cuerpo de la mulata y su
dimensión psicológica la elevan a la categoría de
símbolo nacional. Por último, Beatriz Calvo Peña se
acerca al sentido del homoerotismo en los personajes
protagónicos de la única novela escrita por José
Martí: Lucía Jerez (1885).
Sobre Ofelia Rodríguez Acosta, personalidad poco
conocida de las letras cubanas, autora de la novela
La vida manda (1929), escribe Emilio Bejel un
estudio que rescata la dimensión homosexual de la
relación entre Delia y Gertrudis, que considera la
primera alusión publicada en Cuba a una posible
relación erótica entre mujeres. James J. Pancrazio,
desde la Universidad de Illinois, ofrece una
relectura del concepto de transculturación de
Fernando Ortiz a lo largo de un ensayo que elucida
la ambigüedad incestuosa de la madre cubana hacia el
hijo varón, partiendo del eje Leonardo-Rosa de
Gamboa, personajes de Cecilia Valdés.
La literatura cubano-americana también es abordada
en sendos trabajos por Karen S. Christian y la
propia María Luisa Ochoa Fernández, al acercarse a
la narrativa sexual en Oscar Hijuelos, autor de la
célebre novela The Mambo Kings. Es el aspecto
caricaturesco del hombre cubano como arquetipo de
virilidad, lo que mejor se destaca para, lejos de
exaltarlo, convertirlo en expresión de burla. Un
recurso que Hijuelos emplea y que, según las
investigadoras, no ha sido comprendido del todo por
lectores críticos.
Almudena Olondo y Araceli San Martín, ambas
académicas de la Universidad Saint Louis de Madrid,
exploran el fenómeno de la prostitución en la Cuba
actual, desde su dimensión sociopolítica. Para
ellas, más alla de las causas económicas, el
fenómeno refleja más bien el resquebrajamiento de
valores éticos y morales, fruto de cuatro décadas de
castrismo; a la vez que apuntan que el mercado de la
prostitución en Cuba es un jugoso negocio para el
gobierno cubano que, debe, por cuestiones de formas,
reprimirlo de vez en cuando para que no se le juzgue
demasiado.
Mariela Gutiérrez, de la Universidad canadiense de
Waterloo, estudia el sentido voluptuso en la
literatura afrocubana de la que escoge como
exponentes a José Zacarías Tallet, Lydia Cabrera,
Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Vicente Gómez Kemp
y José Sánchez Boudy. También la profesora Nara
Araújo ofrece su visión del erotismo y sus
interconexiones en las obras de Dulce María Loynaz y
José Lezama Lima.
Finalmente, el último ensayo del libro lo firma el
filólogo Fabio Murrieta, director de la editorial
Aduana Vieja, primero en Cádiz y ahora en Valencia.
Lo titula ''Sin nudos en la bragueta: cómo seducen
los cubanos'' y se trata, desde su experiencia
personal, de un excelente acercamiento al narcisismo
masculino cubano que, en el arte de la seducción, no
escatima en emplear parte de la mitología cultural
engendrada por nacionales y extranjeros. Para ello,
distingue y separa los procesos de seducción y
conquista, estudiando para el primero las diferentes
categorías de armas (piropo, miradas, poses,
amabilidades y otros) que ejemplifica muy bien
recurriendo a obras cumbres de la cultura cubana en
diferentes ámbitos expresivos.
¡Ay, qué rico!, esa expresión tan cubana de
placer que se confunde y amalgama con el sentido del
placer expresivo cubano sin que podamos precisar si
corresponde a uno o a otro, es un libro utilísimo
que ventila lo que a mi juicio es, quiérase o no,
una de las hojas más manoseadas, para bien o para
mal, del pasaporte de identidad cubana en el mundo:
la del arte de hacerse desear y de cultivar, en casa
y fuera de ella, el deseo que podamos inspirar.
¡Ay, qué rico! Selección: María Luisa Ochoa
Fernández.
Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2006, 241 pp.
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