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PEDRO CORZO
Los hombres no abandonan la lucha cuando la causa es justa.
Pedro Luis Boitel. 1931-1972
E-Mail: petercorzo@msn.com
Hay palabras, términos, que
sintetiza acontecimientos, y épocas. En ocasiones con solo evocar un nombre
nos viene a la mente un suceso, una serie de acontecimientos o una actitud
porque ese patronímico lo simboliza y eso es lo que sucede cuando se dice
Boitel, Boitel es el sinónimo de la resistencia en el Presidio Político
Cubano.
El Presidio Político Cubano ha sido el crisol donde se han fundido
verdaderos líderes. Hombre y mujeres con una profunda sensibilidad humana y
Pedro Luis Boitel fue una de las individualidades que logró en el presidio
una plena madurez por su voluntad de sacrificio.
Boitel era un hombre con defectos y virtudes. Dado al error y a la
equivocación como todos nosotros. No pretendemos ofrecer la vida de un santo
ni la luz de un sol sin tormentas. Algunos sentían una profunda simpatía
hacia su persona y otros rechazaban su carácter y manera de hacer las cosas.
Era un ser humano común y corriente pero muy especial en lo que se refería a
la voluntad y capacidad de sacrificio en la búsqueda de la materialización
de sus ideales
Boitel, trabajo en la prestigiosa CMQ, una estación de Radio y Televisión.
Allí fue dirigente sindical y posteriormente al iniciar estudios de
Ingeniería en la Universidad de La Habana, se transformó en dirigente
estudiantil.
Se opuso enérgicamente al gobierno del general Fulgencio Batista,
coordinando el servicio de comunicación clandestino del Movimiento 26 de
Julio en la capital cubana. Participó en la llamada Huelga del 9 de abril de
1958, lo que motivó su exilio en Venezuela.
En ese país junto a otros compañeros de lucha instaló una planta de radio
para transmitir hacia Cuba, dicha planta motivó conflictos dentro del
Movimiento 26 de Julio, al extremo que la Dirección Nacional de esa
organización ordenó su cierre, mandato que Pedro Luis Boitel no acató.
No fue ajeno a los conflictos políticos internos que enfrentaba la nación
sudamericana, por lo que apoyó a los demócratas venezolanos cuando un alto
oficial del depuesto régimen del general Marcos Pérez Jiménez intentó
derrocar el gobierno provisional que presidía el contralmirante Wolfgang
Larrazábal.
Mas tarde respaldó el Partido Acción Democrática en sus enfrentamientos con
el Partido Comunista de Venezuela. Dicha solidaridad le ganó la confianza de
esa agrupación política y posteriormente la del propio presidente Rómulo
Betancourt.
De regreso a Cuba se reincorporó a sus estudios en la Universidad de la
Habana y al trabajo en la transmisora CMQ. Boitel, era un hombre con serias
inquietudes y de un fuerte sentido del compromiso social por lo que
rápidamente asumió la responsabilidad de liderar una corriente de opinión en
la Universidad de La Habana.
Pedro Luis había sido dirigente del Movimiento 26 de Julio y era de suponer
que el gobierno que comandaba esa facción de la Revolución, le apoyara en
sus propósitos de convertirse en el presidente de la Federación Estudiantil
Universitaria. Sorpresivamente no fue así, el liderazgo de la Revolución
respaldó al comandante Rolando Cubelas, uno de los líderes del Directorio
Revolucionario.
Aunque aquellos fueron tiempos difíciles y complejos, hay elementos que nos
pueden ayudar a entender el abandono por parte de la cúpula del 26 del Julio
del individuo que se podía considerar su representante en el alto centro de
estudios en las elecciones del 18 de octubre de 1959.
Boitel procedía de la clandestinidad, una vertiente del 26 de julio que no
contaba con la simpatía de los comandantes de la Sierra. Por otra parte la
negativa, según refiere su compañero de exilio Néstor Penedo, a cerrar la
emisora radial que desde Venezuela trasmitía para Cuba, pudo haber sido un
indicio para las autoridades de que Pedro Luis no era un incondicional al
Proyecto que auspiciaba el recién estrenado Máximo Líder.
Cuenta Jorge Daubar, un amigo de la adolescencia, que la campaña contra
Pedro Luis fue muy intensa y que paradójicamente se opuso a su candidatura
una parte del sector del estudiantado que era abiertamente contraria a la
intromisión del gobierno en los asuntos universitarios y a la fuerte
influencia comunista en las instancias nacionales. Afirma que las presiones
por parte del gobierno, entre ellas la convocatoria a una candidatura
unitaria presidida por Cubelas, determinaron que casi al final de la campaña
muchos compañeros de Boitel le abandonaran y que hasta varios miembros de su
candidatura renunciaran a participar en los comicios estudiantiles.
Al parecer muchos de los estudiantes que rechazaban el nuevo orden
consideraron que al Boitel formar parte del Movimiento 26 de Julio era el
candidato gubernamental, cuando en realidad, situación que se hizo publica
por diferentes medios, la persona que tenía el respaldo oficial era el
comandante Rolando Cubelas, quien al final ganó las elecciones
universitarias.
Otros testigos de la época aducen que Cubelas triunfó en los comicios porque
contaba con amplias simpatías en el marco universitario ya que provenía del
Directorio, una organización rival del Mov. 26 de Julio que había dirigido
hasta su muerte José Antonio Echeverría, un líder que rechazaba abiertamente
el liderazgo de Fidel Castro. El Directorio había tenido varios
enfrentamientos en el periodo insurreccional y en el propio año del triunfo
revolucionario, cuando fue a ocupar armas almacenadas en una base militar
habanera.
En los meses que siguieron a las elecciones universitarias el régimen
acentuó su control de la sociedad estableciendo una férrea censura de
prensa, abolición de los partidos y el control de la economía. El
totalitarismo estaba en marcha y Pedro Luis Boitel, consecuente con sus
ideales, de nuevo se dispuso a participar en la lucha por la democracia.
Como consecuencia de sus actividades contrarias al gobierno fue arrestado en
noviembre de 1960, hiendo a prisión cuando todavía un amplio sector del país
nacional estaba identificado con el proyecto castrista.
La prisión fue intensa, cruda y dura para Pedro Luis. En diciembre de 1960,
en la Fortaleza de la Cabaña, por primera vez convirtió su cuerpo en el arma
de su espíritu. A partir de ese momento realizó numerosas huelgas de
hambres, algunas duraron meses otras semanas. Sus amigos y compañeros le
recuerdan como un hombre controversial y voluntarioso. Un individuo que
nunca se daba por vencido y que siempre estaba dispuesto a confrontar cuando
sus convicciones lo demandaban.
Pedro Luis inició la última batalla de su vida el 3 de abril de 1972 con su
cuerpo como arma y escudo. La agonía se extendió por 53 días.
Algunos afirman que fue conducido a su última huelga por las provocaciones
de las autoridades penitenciarias. Otros plantean que escogió el momento y
el lugar de su muerte, y unos tercero dicen que fue a la huelga por propia
voluntad en la confianza de que ganaría su enfrentamiento con la dictadura,
pero que cuando apreció que el enemigo no cedería dispuso entregar su
postrero aliento en el campo de batalla que había seleccionado con la
dignidad y entereza que le había caracterizado.
Eduardo Figueroa, “Maqueca”, para sus compañeros de presidio, fue la persona
más próxima a Pedro Luis Boitel en los días finales de su existencia.
Figueroa cuenta de sus convicciones, de cómo se preparó para enfrentar el
nuevo reto y de cómo advertía a sus compañeros de que en ningún momento le
informaran a la dirección del penal sobre su estado de salud, después que
puso a éstas en conocimiento de su decisión.
Las semanas pasaron y Figueroa apreció como se deterioraba físicamente Pedro
Luis. Refiere que su voluntad no cedía un ápice y como su indoblegable
espíritu le impedía quejarse. Apunta que siempre estuvo sereno y optimista,
que dormía horas y horas un sueño profundo y tranquilo y que cuando se le
preguntaba como se encontraba, respondía con un firme pero escueto “bien”.
Vio como enflaquecía, vomitaba y orinaba sangre. Recuerda que el día 45 de
la huelga le pidió que le afeitara. Habla y escribe de aquel rostro que solo
era piel y huesos, de la debilidad de un organismo que parecía estar en el
umbral de la muerte y como se prometió a si mismo de que no volvería a
afeitarle aunque se lo pidiera. Describe cómo se le hundía el pecho a su
amigo y como pedía su bastón, reloj y estar cubierto con la colcha que le
había mandado su madre.
Su respiración era cada vez más lenta. Apenas bebía agua porque le daba más
nauseas.
El día 50 vomitó sangre. Se enjuagó la boca pero sus dientes seguían
manchados del rojo líquido. Dice que le pidió un cigarro y le preguntó la
hora. Eran las 8.10 de la mañana. Figueroa le pidió permiso para solicitar
asistencia médica lo que Pedro Luis rehusó diciéndole en un murmullo que
recordara su determinación de cuando inició la huelga y que no olvidara
hacerle llegar sus pertenencias a su madre y que se hiciera amigo de su
hermano. Ese día las moscas empezaron a acompañarle. Recuerda que rodeaban a
Pedro Luis, que las espantaban pero que retornaban con pesada insistencia.
El 22 de mayo trato de hablar y no pudo. Tampoco orino ni tomo agua. Del
cigarrillo que le puso en la boca solo aspiro tres o cuatro para rechazarlo
casi de inmediato.
Al día siguiente, contraviniendo la voluntad del huelguista y asumiendo toda
la responsabilidad con el resto de los compañeros de la galera decidió
llamar a las autoridades del penal.
Horas más tarde llegaron dos funcionarios un sargento y un oficial de nombre
Valdés. Les mostró las condiciones en que se encontraba Pedro Luis a lo que
Valdés respondió. “Efectivamente esta muy grave….. informare que esta muy
mal, que esta grave, se puede ver a simple vista. Ahora bien, ya nosotros
estamos cansados de Pedro Luis Boitel y de sus huelgas…lo que él pide no se
lo vamos a dar. Si fuera por mí, se moría ahí mismo. Pero como yo no decido
en este asunto y este es un caso de arriba yo informare al Ministro….pero
llevate la impresión de que se va a joder”[1].
El día 52 ha llegado. Pedro Luis no alcanza las 80 libras de peso. Dice
Figueroa que era un bulto en la cama. Cuenta que en la galera había un denso
y respetuoso silencio. Después de nuevos reclamos dos camilleros recogieron
el moribundo cuerpo de Boitel. Eran las 4 y 40 de la tarde del 24 de mayo de
1972.
Sobre sus últimas horas hay varias versiones. Su madre, Clara Abraham
conoció la trágica noticia por las palabras groseras y ofensivas de un
teniente de apellido Abad. Boitel muere el día 25.
Su fortaleza moral dominó las debilidades de su cuerpo. Fue una inmolación o
un combate en el que perdió la vida, no lo sabemos, pero han transcurrido 36
largos años de su desaparición sin que su ejemplar resistencia haya sido
vencida por el tiempo, al extremo de que la oposición cubana a pesar de la
férrea censura, conoce de su vida y le rinde tributo honrando su memoria,
enfrentando al régimen con la evocación de su nombre.
Su ejemplo esta presente y en Cuba honran su memoria a pesar del terror
totalitario. “Boitel Vive”, como apunta en su libro el ex prisionero
político Jorge Luis García Pérez “Antúnez”.
Pedro Corzo
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