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PEDRO CORZO
Una Sucesión en Vida.
E-Mail: petercorzo@msn.com
Si algo ha quedado claro con los últimos
acontecimientos que han tenido lugar en Cuba es que en ese país no rige un
sistema republicano. Podrán titularle como mejor se ajuste a las
conveniencias del Conductor y sus partidarios, pero después que en la isla
se designó un sucesor, como lo hace un manager de un equipo de béisbol
cuando escoge un bateador en la Liga Americana, la realidad termina con las
ilusiones.
Es paradójico que los últimos exponentes del socialismo real hayan
considerado en su momento que el poder es hereditario. Fidel Castro y Kin il
Sun eligieron sus sucesores en el marco de la familia y no del aparato
ideológico con el que supuestamente gobernaban... Establecieron las bases
para una dinastía al mejor estilo, no de los Borbones y Hasburgo, sino de
las que dirigieron los destinos del antiguo Egipto. Las personalidades que
decian representar el cambio, el fin de los privilegios, la extinción de las
clases, la eliminación de la burguesía y la aristocracia, resultaron ser a
la postre defensores del mundo que decían querer derribar.
Realidad que motiva una pregunta de parte de los herejes como el que escribe.
De donde proviene la legitimidad de estos elegidos? Será que una gesta
revolucionaria en su condición de fuente de derecho, así se expresaba Fidel
Castro, faculta para determinar el presente y el futuro de un país. El
faraón postrado acostumbraba decir que el pueblo de la isla había votado en
1959, lo que hace concluir que en la isla del doctor Castro los muerto
también votan, porque del 59 a la fecha la mayoría de los que tenían
conciencia y derecho al voto han desaparecido.
Hay que admitir que Fidel Castro ha actuado en el mejor estilo de los
faraones. Es posible que hasta haya mandado a excavar en las montañas de la
historica Sierra Maestra una tumba que acoja sus inmortales restos. Imagino
que en ella colocarían entre otras muchas reliquias el yate Granma, un
pedazo de la pared del paredón de La Cabaña, el fusil con miras telecospicas,
que todavía no se sabe si llego a usar, sus modestos relojes Rolex y por
supuesto las grabaciones originales de sus discurso.
El mausoleo, con momia y toda la parafernalia que un faraón de gran linaje
demanda, seria el sitio de obligada peregrinación para aquellos que se
sienten obligados a honrar su memoria. Pero que no se hagan ilusiones los
ladrones de tumbas, que a parte de la maldición de sus Orishas, es seguro
que los esbirros han tenido el cuidado de colocar misteriosas y fatales
trampas para aquellos que se atrevan a violar el sagrado recinto.
El Akenatón cubano, hago notar su semejanza con este faraón porque al igual
que su predecesor egipcio instauro una nueva religión, El Castrolicismo, de
la que es divinidad suprema. Cambio las fechas religiosas previas a su
advenimiento y al igual que su milenario antecesor dinástico siempre ha
demostrado una particular preocupación por proteger la realeza que le es
fiel.
La corte que le ha rodeado por estas casi cinco décadas le ha sido
caninamente leal. Como monarca dispenso favores, horrores y castigo a su
buen entender, y como soberano supremo nunca dio explicaciones a su súbditos.
Siempre decidió quienes serian sus visires y ministros. Funcionarios que
podían ser expulsados de la corte sino eran capaces de hacer los milagros
que su caótica imaginación dictaba.
El mandato del faraón cubano se ha caracterizado por factores de difícil
explicación. Un gran poder de seducción que trascendió las fronteras de su
feudo y la selección de una ideología que le confería una divinidad laica,
ya que su proyecto se sustenta en una especie de paraíso a futuro. La
creación de un aparato represivo capaz de mantener el control del reino, y
una falange que conoció las arenas del desierto y las lluvias del trópico.
Como monarca respetuoso designo un Regente sin violar la línea de sucesión
que la dinastía que había iniciado disponía. Hay que reconocer que
preocupado por el futuro de su reino ha sido precavido. La Sucesión la esta
conduciendo desde su propio lecho. No espero a morir, o a perder el sentido
de poder que le ha caracterizado. Ha dado los pasos que le permiten suponer
que puedan soldar las estructuras de un régimen en ruina. Confía que sus hoy
enriquecidos mercenarios por tal de proteger intereses particulares servirán
con igual fervor al Sucesor designado como le sirvieron durante 47 años.
Fidel Castro, su hermano y los que integran el régimen funcionan como un
clan. Como un grupo aristocrático que se vale de la plebe para cumplir sus
propósitos. Es evidente que Fidel Castro tiene tantas similitudes con otros
caudillos latinoamericanos como diferencias. En su condición de rey absoluto
al estilo de Luís XIV, no comparte el poder pero si establece una línea de
sangre que le permite ciertas garantías en momentos como los que esta
enfrentando. Un caudillo americano, ya habría sido asesinado o depuesto por
sus compañeros de aventuras, otra muestra de su pernicioso talento.
Es importante destacar que a pesar de su mentalidad monárquica no ha
abdicado. Deja espacios para volver. El regente, aunque sea su hermano, es
solo eso, un Príncipe que esta al frente del estado mientras que Su Majestad
recupera la salud. Es inaudito que en el siglo XXI, en occidente, un cacique
que a mas sangre que fuego conquisto el cetro de la tribu cincuenta años
antes, haya podido repetir episodios superados por la historia.
La voluntad de Fidel Castro ha primado sobre la de todos los otros cubanos,
incluyendo la de aquellos que se encuentran en su entorno más próximo. Desde
que asumió el poder dispuso de vida y hacienda como el monarca más absoluto.
Hay quienes cuentan que en los primeros años portaba una chequera y que
emitía pagares con la misma tranquilidad que un millonario dispensa limosna
a un pordiosero.
La Sucesión en Cuba es una realidad. Un poder legitimado por la fuerza
designo quien debía ocupar el trono. Los lazos de sangre y la complicidad
historica son más relevantes que los beneficios que pueden recibir los
súbditos. Los intereses de la aristocracia revolucionaria son los
determinantes. Los problemas de Cuba son los que afectan al Soberano, a su
corte y la solución es aquella que convenga al patriciado.
Fidel Castro no quiere que en Cuba se repita lo de España, porque según se
dice Francisco Franco ato el traspaso de poderes para que el rey Juan Carlos
ocupara el trono, pero cuando murió los nudos se corrieron y en el país
surgió una democracia plural en la que los socialistas han gobernado mas
tiempo que cualquier otra formación política del país ibérico.
Es evidente que Fidel Castro es mejor tramoyista que Francisco Franco.Fue
testigo de los esfuerzos del dictador español para lograr una transición a
la medida de sus deseos pero como a éste se le fue el tiro por la culata,
decidió que le heredaran en vida para poder dirigir el montaje de la nueva
carpa.
Algunos podrán decir, tal y como comento un amigo en el funeral del preso
político Mario Pombo Matamoros, que por las leyes del régimen a Raúl Castro
le corresponde la herencia, pero quien lo diga o piense esta en un error, el
régimen cubano no es legitimo, no proviene de elecciones libres, secretas y
democraticas.Si el poder de Fidel se sustenta en las bayonetas, en los
mecanismos de represión y control establecidos, cualquiera que le suceda
hereda su poder despótico.
De Corea del Norte se conoce poco, pero es posible que Fidel Castro que ha
disfrutado de una gran sensibilidad política, que se ha caracterizado por
poseer un aguzado sentido de la oportunidad, haya aprendido de Kil Il Sung,
quien gobernó por 46 años e instauro una dinastía exitosa, su hijo Kim
Jong-il gobierna desde 1994, y no parece que su poder este en peligro.
Castro pretende gobernar como monarca supremo aun después de muerto y es por
eso que la autoridad de su Sucesor esta en suspenso. Raúl es la sombra de su
voluntad, y quizás siempre lo sea porque aunque Fidel no muera a su manera,
no dudo que habría deseado desaparecer en un conflicto total con Estados
Unidos, morirá de todas formas, y su reinado siempre se medirá con la vara
con la que gobernó su Faraón.
Pedro Corzo.
Agosto 2006.
Pedro Corzo, Periodista y Escritor. Director del Instituto de la Memoria
Historica Cubana contra el Totalitarismo.
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