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PEDRO CORZO
Los renegados
E-Mail: petercorzo@msn.com
Los que abandonan una fe religiosa
son calificados como apostatas, y aunque el totalitarismo marxista y sus
derivados, como podría ser el castrismo, no son considerados religiones, es
evidente, que al igual que ellas poseen dogmas de fe, prometen un paraíso,
dispensan excomuniones, practican la beatificación, las gobierna un Olimpo y
se rigen por libros, tótems y palabras sagradas.
Por esas semejanzas no es inapropiado calificar como renegado a quienes
después de haber comulgado fervorosamente con los preceptos del dogma
marxista se alejan de éste practicando un rechazo absoluto a la antigua
militancia, aunque no siempre, esa conducta la dispensen contra las acciones
y omisiones de las que fueron responsables cuando defendian viejas
creencias.
Considerar que todos los apostatas tienen las mismas motivaciones cuando
abjuran, es tan elemental como considerar que fue una sola la causa que hizo
que uno y todos, se sumaran a la nueva convicción.
Las diferencias de motivos para participar o desertar posibilitan conocer en
gran medida las promesas y fracasos del proyecto abandonado, y ese
conocimiento, junto a las aspiraciones frustradas del desertor, demuestran
que no es solo uno el factor que encanta ni tampoco uno el que agravia.
Por supuesto que los renegados se caracterizan por personalidades,
experiencias y conocimientos diferentes lo que tiene como resultado que las
responsabilidades éticas, morales o judiciales, no tienen el mismo nivel
crítico.
Por otra parte si la acción de renegar puede implicar para unos un simple
acto de deserción en el que puede estar involucrado el oportunismo más
ramplón, es de creer tambien que otras personas antes de hacer de
conocimiento publico su frustracion hayan transitado por un período de
serias crisis emocionales en el que no solo abjuran de sus pasados
compromisos y actuaciones, sino que procuran reparar errores tratando de
hacer rectificar el proyecto con los seguros riesgos que esto implica.
A unos y a otros no es exigirle demasiado que si en base a convicciones o
intereses, depredaron la sociedad y a sus semejantes, es justo tambien, que
asuman responsablemente su pasado. El actuar por convicción o fe ciega en
una propuesta, no exime de culpas, y si por el contrario la contriccion es
sincera se abraza espontáneamente la penitencia.
El errar, equivocarnos, es parte del hacer humano pero las lesiones que
derivan de esos actos no deben quedar impunes, y sí existe un mandato ético
de que se debe comprender y perdonar la falibilidad humana, esa actitud no
es posible si falta por parte del individuo un arrepentimiento que transite
por la rectificación de los errores.
En estos años de paraísos fraudulentos e ideologías fracasadas se ha tenido
la oportunidad de conocer una amplia gama de renegados que curiosamente no
solo rechazan los patrones ideológicos y de conducta que durante años
impusieron con vehemencia digna de mejor causa, sino que algunos de ellos se
han metamorfoseado a tales extremos que se han convertido en cazadores de
brujas por la nueva idea.
Entre ellos está el típico oportunista. El hombre que dejó la horca y
cuchillo que disfrutaba usar, no por crisis de conciencia sino porque fue
excluido de los círculos de poder por otros sicarios de su misma ralea y
condición, pero con mas habilidad para sobrevivir.
Los hay periodistas, escritores, artistas e intelectuales en general que
adquirieron nombre público no por la calidad intrínseca de su obra sino por
la militancia oficial que la misma resumaba. Creadores que no repudian su
pasado, sus cantos de gloria al Partido y Gobierno protector, tal y como fue
capaz de hacer Enrique José Varona, que se arrepintio de la parte de su obra
que elogiaba las ventajas de la españolización de Cuba.
Algunos de estos intelectuales todavía rememoran con satisfaccción las
numerosas traducciones y masivas ediciones de sus libros. Los premios
obtenidos en eventos internacionales afines a la idea del Proyecto que
defendían, las canciones y películas que les dieron fama gracias a su culto
a la ideología en tiempos en que otros con iguales o superiores habilidades
artísticas no tenían oportunidad debido a sus convicciones políticas o
religiosas.
También hay militares, policías, esbirros con uniforme o vestidos de civil,
funcionarios de la burocracia que desertaron en viaje de placer, negocios o
gobierno.Algunos manejaban dinero gubernamental y no fueron remisos en
apropiárselo en el momento de la deserción.
Otros cambiaron de amo y son devotos de quien les de una segunda oportunidad
y se comportan como fieles perros de quien les pague, y unos terceros que no
son capaces de encontrar la paz porque critican el pasado y el presente de
su nueva frontera ideológica a la vez que condenan el recién abandonado
proyecto, aduciendo que su deserción se debe a que los hechos del momento no
se corresponden con el ideal por el que incurrieron en pasadas acciones. En
fin, un vil intento por escamotear su responsabilidad en el pasado
colectivo.
De todos los renegados este es tal vez el espécimen más despreciable porque
es capaz de usar los calificativos más ruines y falsos (por lo regular los
toma prestado del vocabulario de su abandonado conductor repitiendo las
diatribas y consignas de los tiempos de
su militancia) con el propósito de desacreditar la vertiente de la que fue
fiero enemigo, y que por cirscunstancias transitorias es en el presente,
aliado.
Es una especie de defensa, una manera de evitar ser “contaminado” por sus
nuevos aliados. Este “renegado” se considera puro, preservador de la Palabra
Primera de la Fe tendiendo a justificar las acciones pasadas aduciendo que
sus actuaciones se correspondian a necesidades nacionales y sociales que
estaban por encima del bien y el mal que sus actos provocaban.
Este hijo de Zeus, muy pocas veces actua por conviccion sincera. Por lo
regular su conducta es consecuencia de la frustracion de no haber logrado la
posicion y reconocimientos que cree merecer. Habitualmente tiende a restarle
meritos a sus nuevos asociados, generando una campaña de descredito en la
que niega a estos cualquier valor moral.
La frustración de este renegado, su incapacidad para aceptar errores o
equivocaciones le hacen un flaco servicio a su nueva causa, no importa cual
sea, porque igual se convierte en abanderado de posiciones extremas, como en
elemento disolvente de cualquier propósito.
Y por último, y sin que esto signifique que no haya otros tipos de
renegados, hay que tener en cuenta al hombre arrepentido, al individuo
contrito, que tal vez erró y hasta abusó por sus convicciones, pero que su
toma de consciencia le da fuerzas para correr los riesgos de la
rectificación.
Termino escribiendo sobre ese individuo que fue capaz de vejar y humillar;
que trabajó, cantó, pintó, escribió, delató, persiguió, encarceló y hasta
mató sin dejar de arriesgarse y sacrificarse por creer en la causa que
asumió, pero que al recapacitar y comprender la dimensión de su
equivocación, está dispuesto a enmendar los errores, soportando la
represion, iendo a prision y hasta morir o matar por reparar la lesiones que
infrigio a la sociedad y al pais. Esos, aunque nunca podran disfrutar de la
admiración de sus victimas pueden llegar a ser respetado por los que le
combatieron. Porque sin duda alguna si una accion requiere valor y entereza
es la reevaluacion de las acciones, y la rectificacion de estas, asumiendo
en la nueva encomienda los riesgos que sean necesarios.
Pedro Corzo, Periodista y Escritor. Director del Instituto de la Memoria
Historica Cubana contra el Totalitarismo.
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