Home  | Membership | Documents & Letters | Links  | Forum  |  Donations | Search

 ESPAÑOL  

.
  INFOCUBA
 History
 Government
 Economy
 Social
 Education
 Health Care
 Cuba in Pictures
  HUMAN RIGHTS
 Human Rights
 Cubans Assassinated
 Massacres Executed
 Universal Declaration
 Crimes Videos
  OPPOSICION
 Opposition in Cuba
 Political Prisoners
 Independent Journalists
 Independent Libraries
 TERRORISM
 Cuba & Terrorism
 Castro & Middle East
 Biological Warfare
 Photo Gallery
  NEWS ARCHIVE
 Year 2008
 Year 2007
 Year 2006
 Year 2005
 Year 2004
 Year 2003
 Year 2002
 
 
Registered & Hosted by
www.versioninternet.com
 
 

PEDRO CORZO


La Transición Política en Cuba.
¿Asignatura en Suspenso?
E-Mail: petercorzo@msn.com


INTRODUCCION.-

Aunque los últimos acontecimientos alteran en cierta medida los postulados iniciales de este trabajo es evidente que el régimen cubano presenta una característica muy singular, y es que el totalitarismo impuesto en la isla es de tipo carismático.

El conductor inicial, Fidel Castro, aunque el pasado 31 de julio emitió un comunicado en el que informaba sobre el traspaso de poderes, con carácter provisional a su hermano Raúl Castro, ha estado al timón por los pasados 47 años.

Independientemente a las condiciones físicas del individuo que gusta que le identifiquen como el máximo líder se aprecia que aparentemente hasta el momento del cese de su autoridad mantuvo el control y que aun, en un supuesto, o verdadero estado precario de salud, se le acataba como el hombre que por décadas ha seducido, conducido y dispensado favores y horrores a voluntad. Por el contrario, si Castro no dispuso esta Sucesión, los que la determinaron consideraron que era necesario seguir usándolo como símbolo de autoridad y continuidad politica.Lo que demuestra que vivo o muerto, para sus seguidores, continua siendo el factor aglutinador.

La práctica soviética y el marxismo fueron una especie de primera frontera para la oligarquía que integraba el nuevo orden, una línea de contención y arropamiento teórico que tendía a justificar las dediciones gubernamentales con las promesas de un mundo mejor. Castro siempre procuro una base teórica para el proyecto, y aunque el fin del imperio soviético logró alterar en alguna medida la forma, la esencia del régimen cubano no fue afectada porque la naturaleza de su mandato rechaza todo lo que pueda incidir negativamente en el liderazgo.

Ante el fracaso del Socialismo Real , hecho no reconocido en Cuba, la nomenclatura ha pretendido continuar galvanizando a la nación tras Fidel Castro, una figura sobredimensionada por los resortes del poder, pero consumida por el extendido uso del mismo. La clase gobernante intenta continuar identificando a la Nación con Castro, y la Revolución con una especie de liturgia en la que el Máximo Líder es el supremo símbolo. Es por eso que en el presente mediante una intensa propaganda que resalta los gastados temas de país asediado, de nación en crisis por culpa de un vecino poderoso, se pretende agrupar a todos los factores alrededor de una figura emblemática. Es evidente que procuran fortalecer las bases nacionales, restaurar el “heroísmo” e incentivar un sentimiento de pueblo elegido y amenazado, de víctima heroica en plaza sitiada.

La desaparición de la Unión Soviética, permitió apreciar que el régimen tiene una estructura y dinámica muy particular, que el poder es primario y no deriva de ninguna otra autoridad. Por otra parte el gobierno ha sabido conjugar una serie de factores externos e internos que ha interpretado con habilidad. En realidad los insignificantes cambios que han tenido lugar en la isla sólo tienden a afirmar en el poder al grupo gobernante. El discurso oficial conserva las características que han acentuado el postulado ideológico sobre el cual dice haber erigido un nuevo país: Paternalismo, Populismo y Totalitarismo.

Sin embargo, a pesar de habilidades, depredaciones y encantamientos, es evidente que el régimen está en su primera frontera tal y como sucedió en 1959, con el agravante que la magia de aquel año se agotó con el tiempo y los fracasos.
Se aprecia que de nuevo tratan de realzar la intransigencia revolucionaria, la Patria y la Nación. Es como una vuelta a la raíz, un retorno al nacionalismo Verde Oliva. Es una visión virtual de una primera plana del periódico “Revolución” de cualquier mes del año 1959, la reedición de la Divina Trinidad, aquella que no se puede dejar de amar: Nación, Fidel y Revolución.

Por otra parte es evidente que el internacionalismo continua siendo una piedra de toque en la estrategia gubernamental. La agresividad, la ingerencia en los asuntos de otros países es un ejercicio de múltiples propósitos porque entre otros factores obliga al enemigo a defenderse y ante un ataque se reitera la validez del discurso de la agresión extranjera. Las especiales relaciones que sostiene el régimen con los gobiernos de Hugo Chávez, Venezuela y de Evo Morales, Bolivia, merecen una especial reflexión.

El Castrismo, que bien podría ser un término que identifique la práctica de conservar el poder, dista mucho de ser un sistema de ideas singulares con proyecciones propias sobre el hombre y la sociedad. Es un método de sobre vivencia, de mutación y transformación donde cualquier acción es válida por desquiciante y desestabilizadora que parezca.
No hay dudas de que si el proyecto se viera amenazado el propio Conductor haría suyo cualquier modelo de Transición que conviniera a sus intereses. Las dediciones de la década del 90 así lo demuestran: Dolarización, Turismo, Inversiones Extranjeras, Cuentapropismo, etc.
El método castrista de la conservación del poder, es prosaico porque sus herramientas claves son: la intimidación, la desconfianza, la represión, el premio al envilecimiento y el castigo al contestario. Esta formula que no incluye la conquista del poder político, tiende a nutrirse de las fuerzas que le adversan, de sus contradicciones y debilidades, más la asunción de las quebraduras y coyunturas del entorno.
Bajo el liderazgo mesiánico de Fidel Castro es un hecho que la democracia no germina. Su mandato se ha caracterizado entre otros elementos por una constante agresividad y una férrea tenacidad, pero también por ser impermeable a toda propuesta que tienda a modificarlo.
Las situaciones políticas que condujeron a procesos de Transición en España, en las naciones que integraron el extinto bloque soviético o en cualquiera de los países del hemisferio americano que padecieron dictaduras militares, no se aproximan a la realidad cubana, salvo en perspectivas muy generales.
En España se estableció una dictadura férrea pero no totalitaria, y la jerarquía del franquismo procuró encontrar un sucesor que satisficiera en alguna medida a las partes en pugna. Por otra parte los regímenes militares de Seguridad Nacional de América Latina, aunque eran crueles y despiadados, nunca controlaron la economía, ni otras numerosas expresiones de la sociedad civil, como ha ocurrido en Cuba.
En las llamadas Repúblicas Democráticas del este de Europa sí se establecieron regímenes totalitarios pero según muchos expertos, nunca la dinámica totalitaria logró penetrar la sociedad a los extremos que ha ocurrido en la isla.
Las perspectivas de eventuales cambios políticos en Cuba se elaboran sobre supuestos, sobre lecturas sesgadas de la realidad que a veces están coloreadas con los anhelos de quienes la interpretan.
Es por ello que cualquier pronóstico a futuro incluye un nivel de incertidumbre difícil de evitar. No obstante en este trabajo se pretende explicar que Cuba se aproxima a un proceso de sucesión, y que las experiencias de las transiciones en la Europa del Este, si bien son un referente, no aparenta ser el derrotero definitivo hacia un cambio político en Cuba.

EXPOSICION. -

Es evidente que el Poder Totalitario padece de un agotamiento estructural. La biología, más que los fracasos o éxitos de la oposición, ponen en peligro la ortodoxia. Algunos suponen que el relevo generacional –Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Fernando Remirez de Estenoz Barciela- sólo tres ejemplos, aunque estén a favor del discurso oficial cuando llegue el punto de inflexión entenderán que para sobrevivir tienen que asumir los cambios que dicten las circunstancias.

Es de suponer, un término que indica la pérdida de iniciativas efectivas para promover cambios políticos en Cuba por parte de la Oposición, que al interior del Poder existen conflictos y tendencias.
Analistas relevantes como Brian Latell, plantean que “el cambio de mando en Cuba ya ha comenzado y ese traspaso de poder está en las manos de Raúl Castro, hermano de Fidel, que controla, como si fuera un regente, los principales resortes del poder" . De esto se puede deducir que la autoridad de Castro ha disminuido en cierta medida, sin embargo se aprecia que a pesar de “limpias o purgas”, Castro continúa siendo una garantía de estabilidad para sus partidarios. Incluso no es un secreto que no hay relevo para el Comandante, la gobernabilidad de la Cuba posCastro parece enrumbarse hacia una autoridad colegiada aunque no ajena a una figura poderosa.

El comunicado del pasado 31 de julio es un intento por ofrecer una imagen de gobierno colegiado, aunque es fácil apreciar que los otros cuatro dirigentes señalados: José Ramón Balaguer Cabrera, Ramón Machado Ventura, Esteban Lazo Hernández y Carlos Lage Dávila son simples impulsores de proyectos, tienen responsabilidades muy inferiores a las que detenta Raúl Castro.

Por otra parte, la posible influencia de las transiciones políticas europeas o latinoamericanas en las personas que integran el gobierno parece ser limitada. La nomenclatura insular ha demostrado ser muy ortodoxa, y que sólo actúa por intereses de sobrevivencia como se ha podido constatar en más de una ocasión.

Ajeno a una eventual influencia todo parece indicar que Cuba se aproxima a un proceso de Sucesión por mandato biológico, nótese que el propio Fidel Castro ha indicado claramente que solo al Partido Comunista traspasaría el poder.
Un cambio de liderazgo, colegiado o no, repercutiría en alguna medida en todas las estructuras del gobierno y del estado. Esa sucesión, que implicaría nuevos favoritos en el poder, podría enfrentar una crisis de gobernabilidad que haría que los dirigentes se sintiesen inseguros, y esa sensación utilizada con habilidad, por los sectores que dentro y fueran del gobierno puedan favorecer un proceso de cambio, tendría un saldo positivo. De ser así podrían repetirse algunos rasgos de las Transiciones en la Europa del Este, cuando los líderes de la oposición ocuparon el vació de los otroras poderosos jerarcas comunistas.
Pero el poder parece estar conciente de esos riesgos. El V Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba ha resucitado el extinto Secretariado, un cuerpo integrado por 12 personas que es una especie de brazo ejecutivo del Partido, recordemos que Raúl Castro, otora único heredero designado manifestó “el comandante en Jefe de la revolución cubana es uno solo, y únicamente el Partido Comunista como institución puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder” . Por otra parte el primer poder que traspasa Fidel Castro en su comunicado del 31 de julio es el de la Secretaria General del Partido Comunista de Cuba.

En la Cuba actual y hasta en la de una eventual Sucesión, hecha a la medida de los deseos de la nomenclatura, la única fórmula de cambio que aparentemente los herederos estarían dispuestos a aceptar es la de China.Un estado poderoso, con férreo control político y libertades económicas en la medida que no afecten a la soberanía del grupo de gobierno, eso que algunos llaman el post-totalitarismo.

Es verdad que la ingeniería social tiende a fabricar malas estructuras pero en caso que los ajustes no sostengan al nuevo gobierno y la Sucesión se escape de control, los cambios estarían determinados por los intereses de sobrevivencia de la clase gobernante, entre estos los económicos ya que según numerosas informaciones muchos dirigentes y sus parientes llevan años participando en una “transición económica”. Muchos tienen pequeñas fortunas, dirigen empresas o están asociados con inversionistas extranjeros.
Podemos decir muchas cosas negativas de la nomenclatura insular pero no que asumirán modelos políticos que reduzcan drásticamente, o eliminen, sus prerrogativas.

Por otra parte es importante tener presente un factor que algunos analistas consideraron irrelevante en las transiciones de la Europa del Este: las Fuerzas Armadas. Los cuerpos armados cubanos no se asemejan a los de URSS y sus pares.
La alta jerarquía castrense de la isla se forjo alrededor de la figura de Fidel Castro, su titulo de Comandante en Jefe no es retórico, su autoridad no se ha diluido nunca y un ejemplo es como se supero el proceso del general Arnaldo Ochoa. Recordemos que se dice que exceptuando dos generales, el resto votó a favor de la ejecución de Ochoa, un general que había sido honrado como héroe de la Nación.
También es conveniente apuntar que algunos generales que no son precisamente doctores sí son millonarios, y dinero y poder, es un cóctel explosivo en cualquier país del mundo.
Hay que hacer notar que el periódico Granma ha estado promoviendo a los generales, en alguna medida los centuriones de las guerras castristas han salido del closet y son reconocidos públicamente.
No se debe obviar que varios generales de Cuerpo de Ejercito: Leopoldo Cintras Frías, Ramón Espinosa Martín, Abelardo Colome Ibarra, Julio Casas Regueiro y Ramón Espinoza integran el Buró Político del Partido y como si fuera poco hay un general de División y mas de un Comandante de la Revolución.
Una pregunta pendiente es si Raúl Castro, General de Ejercito, tendrá el respeto de sus pretores, si la Cofradía de la Sierra y la Logia de las Guerras Africanas reconocerán la autoridad del nuevo Comandante en Jefe...

La imagen que proyectan los jerarcas cubanos, incluyendo los generales, no es de individuos inclinados a la Democracia, Pluralismo o el Estado de Derecho. Tampoco de personas que puedan actuar por influencias de acontecimientos políticos que han tenido lugar en otros países, sino de gente que si cambian de parecer, y actúan contrario a lo pautado, es por temor a perder estatus que implican privilegios y riquezas. La ideología esta “quebrada” en Cuba, la “pureza” del régimen sólo se fundamenta en la capacidad de reprimir a los sectores descontentos, pero eso no significa una voluntad a favor de cambios hacia la democracia.

Sin embargo, quienes si son objeto de las influencias de los modelos de transición de Europa y América Latina son los que integran la oposición, tanto la que opera al interior de la isla, como en el extranjero. Oposición que no ha cesado en su empeño de trabajar a favor de la democracia desde el mismo año 1959, formada no sólo por aquellos que como dice el escritor José Antonio Albertini cargaban con el Pecado Original de haber servido al viejo Régimen, sino también por muchos de los que habían combatido a Fulgencio Batista. El pensamiento y la acción de la mayoría de esa oposición si ha evolucionado y está a favor de pautas que establecen como premisa para la solución de cualquier diferendo, el dialogo y la concertación.

Probablemente esa evolución es consecuencia de los fracasos de todas las formulas anteriormente usadas para acabar con el régimen. Quizás han derivado de una toma de conciencia de que la realidad moderna rechaza la confrontación o simplemente el oportunismo ramplón de quienes creen que cualquier medio justifica los fines que hagan posible acabar con una pesadilla que ha marcado el ser cubano de forma indeleble.

El propósito inicial de la oposición al totalitarismo era la ruptura, destruir el sistema, lo opuesto a una Transición, por ese motivo en una época se opuso a la violencia oficial la violencia contestaría. Ese intento fracasó y el resultado fue que el totalitarismo asumió el monopolio de la fuerza la que ha usado indiscriminadamente, y en todas las variantes, durante casi cinco décadas.

Cubanos de las dos orillas que están a favor de la democracia y del respeto a la dignidad del hombre se han abocado a trabajar intensamente por una Transición Política. Un empeño que merece todo el apoyo posible, un cambio en la manera de pensar y hacer de muchos de los actores a los que corresponda representar los roles contrarios en la que suponemos la escena final del totalitarismo.
Pero el cambio de mentalidad de una de las partes no es suficiente para montar la magna obra de La Transición. Ese es el preámbulo del cambio. La Transición consiste en reformas negociadas, sin rupturas, que de manera escalonada conduzcan a una sociedad diferente. Pero si es vital que la oposición acepte otras experiencias, también es necesario que el sector oficial entienda la necesidad de la ilustración democrática, pero no parece que la oligarquía cubana este dispuesta a ninguna transacción.
Las Transiciones políticas en Europa del Este fueron consecuencias de crisis internas del socialismo real. Es evidente que en esos países habían aflorado contradicciones, que el modelo estaba sufriendo una acelerada esclerosis y se habían desarrollado grupos disidentes que demandaban cambios, pero también es real que el único país donde la oposición puso en riesgo el poder totalitario fue en Polonia. Sin embargo, allí la nomenclatura actuó y detuvo por un periodo de tiempo el proceso liberador y quien sabe hasta cuando lo hubiese conseguido sino hubiese sido por la “conjunción de la crisis del socialismo real y la ascensión de Mijail Gorvachov y su equipo al Kremlin los que abrieron caja de Pandora de las reformas. Tengamos presente que la desestabilización en la Europa de Este, aunque es evidente que existían movimientos contestarios fue causada en gran medida por las dediciones de Mijail Gorvachov, la situación se torno mas peligrosa en los países satélites por las desiciones de la metrópoli soviética que pusieron en peligro a las autoridades constituidas. El agotamiento del modelo para los líderes comunistas fue una realidad, pero esa verdad, ¿es verdadera para los dirigentes cubanos? Las medidas que están tomando no permiten supornelo así.
Las transiciones son consecuencias de acuerdos de facciones en conflictos, por eso demandan, sea política o de cualquier otra índole, disposición al debate y a la búsqueda de soluciones del diferendo. La transición implica concertación, y la certeza previa de que el “status quo” hace inviable la gobernabilidad. Una transición política se supone pretende evitar una abrupta descomposición del orden establecido por eso procura involucrar a todos los factores esenciales presentes en el diferendo, pero como es fundamental la desactivación paulatina de las estructuras del poder, los que lo detentan tienen que estar dispuestos a las concesiones que les correspondan.
Las transiciones sólo se producen cuando la parte que detenta el poder político estima que puede perder todas o gran parte de sus prerrogativas, y el adversario tiene la certeza que no cuenta con los medios necesarios para lograr una capitulación incondicional. Los valores y medios sobre los que sustentan su actuación las partes en pugnas pueden o no cambiar, pero es fundamental que la oposición haga sentir al Poder lo precaria que es su situación. Sin esa sensación de vulnerabilidad no hay posibilidades de dejación de lo que se detenta.
Requisito básico para una transición es el diálogo político. El debate abierto y franco de las diferencias. Pero a ese diálogo sólo se llega cuando hay elementos suficientes para imponerlo, o el Poder considera necesaria una legitimación de su presente-pasado que le posibilite ser factor en el futuro. La necesidad de legitimidad, a excepción del uso de la fuerza, o la conciencia de que el régimen esta en un franco proceso de descomposición, es el único factor que puede determinar que la nomenclatura cubana acepte un proceso en el que perdería parte o todo el poder.

Considerando las casi inexistentes posibilidades de la oposición para desestabilizar al régimen, y que el régimen no cree que esté en riesgo su capacidad para conservar el poder, es de pensar que Cuba esta próxima, o envuelta según los últimos acontecimientos, en un proceso de Sucesión más que de Transición. La intransigencia gubernamental niega espacios a la oposición, pero también, aparentemente, a aquellos que dentro del Poder pretenden en alguna medida transgredir el pensamiento oficial.

El mesianismo de Fidel Castro, su figura de conductor indiscutible de un proceso que se extiende por más de medio siglo, anula en gran medida las supuestas posibilidades de cambio que puedan albergar sectores dentro del gobierno, o fuera de este. Es de esperar que proceso que tenga lugar en Cuba a partir de la sustitución, por los motivos que sean de la figura del Caudillo, haya de generar cambios en la jerarquía y también en el discurso ideológico y político del aparato gubernamental. Es posible que el liderazgo emergente al perder el iluminismo del líder muestre disposición a buscar una legitimidad que le posibilite seguir siendo en alguna medida protagonista, lo que determinaría la configuración de una realidad nacional menos ortodoxa. Europa del Este fue directo a la Transición, no se conoció el inédito paso de la Sucesión, para lo que evidentemente se ha preparando el alto gobierno de la isla.

En Cuba no parece que puedan producir transiciones similares a la de Augusto Pinochet en Chile, a la Sandinista en Nicaragua o a la de la Junta Militar de Argentina. Todos estos regímenes celebraron elecciones en sociedades, que aunque autoritarias, habían permitido el desarrollo de una sociedad civil que disfrutaba de una relativa legitimidad y capacidad de acción. Tampoco parece posible que la experiencia española se repita en la isla. Las diferencias sociales y económicas entre el régimen franquista, particularmente en el periodo que muere Francisco Franco y en el presente castrista, son muy profundas, sin extendernos a otras consideraciones que nos desviarían del objetivo de este trabajo.

Una vez más es conveniente afirmar que el totalitarismo cubano es mesiánico, completamente diferente al de los países del extinto bloque soviético u otras dictaduras totalitarias, a excepción de la de Adolfo Hitler y Benito Mussolini. En los estados del Este el “aparato sostenía al régimen”, en Cuba, y esa puede ser una debilidad, todo parece indicar que el liderazgo de Fidel Castro es el fundamento del Poder.

La Nomenclatura aparentemente se ha preparado para la ausencia del Caudillo.Se aprecia que existe la voluntad de continuar con el monopolio del poder político. Muy diferente a lo que ocurrió en países del este europeo donde los cambios contaron con la participación de los que dirigían el partido y el gobierno.

Hungría es un ejemplo, primero Inre Pozsgay, quien fuera ministro de Estado y dirigente del Partido impulso la Transición y otro líder comunista, Matyas Szuro, uno de los principales promotores de la disolución de Partido Obrero de Hungría, asumió la jefatura de Estado, lo que posibilitó cambios sin rupturas, una transición sin conflictos. En las Repúblicas Populares no hubo sucesión, allí la Democracia tomo el poder por asalto y en ocasiones con el total respaldo de los antiguos jerarcas del partido.

Es de suponer que la Sucesión permita que el polen de la Libertad germine, - aunque para algunos la Sucesión es un cambio en sí.
Es en ese proceso cuando se puede producir una evolución que de pie a la Transición. Y esto no fue precisamente lo que paso en la Europa Oriental.Tambien puede haber espacios para una ruptura causada por las posibles pugnas de quienes detenta el poder. Por otra parte existe el peligro de una Continuidad con un nuevo liderazgo.
De tener lugar esta situación sectores de la oposición podrían participar pero ya este sería un acontecer completamente opuesto a una transición política.

Todo parece indicar que la Sucesión política, con todo lo que incluye, es lo más previsible en el futuro próximo de Cuba. La lectura del presente, especulación aparte, solo permite apreciar que los inte reses de sobrevivencia de la Nomenclatura están por encima de las lógicas diferencias de clanes. Hasta este momento no se aprecia un desmoronamiento de las estructuras. No hay deserciones capitales, ni purgas radicales y todo parece señalar que Castro, a pesar de su evidente deterioro físico y mental, y de su hoy conocido traspaso de poderes, disfruta de una aparente lealtad entre aquellos que esperan sucederle.

CONCLUSIONES.-
Es posible que cuando desaparezca quien encarna el último régimen totalitario-mesiánico del mundo el escenario cubano se semeje al que presentó Corea del Norte, después de la muerte de Kil Il Sung.
Es de prever que todo esta preparado para que no haya Rupturas, pero tampoco para que se produzca una Transición que afecte el control sobre el gobierno de quienes detentan el poder. Sin duda que habrán nuevos favoritos, cambios en algunos escenarios políticos pero nunca un andar resuelto hacia formas democráticas de gobierno, esa nueva ruta seguirá siendo un compromiso de la oposición y de aquellos que, aun en el gobierno, se percaten de lo nefasto que ha sido el régimen para el país.

La Sucesión a largo plazo puede ser una vía para otras formas de gobierno pero ese proceso no podria ser identificado como Transición. Los que sucedieron a Jose Stalin o a Mao Tse Tung generaron espacios, quebraron en alguna medida el poder totalitario sin embargo, la naturaleza del mismo se conservó invariable por un largo periódo de tiempo.

Corea del Norte y la República Popular China son ejemplos de transferencia, y a pesar de los años transcurrido en el primero de estos dos paises todo sigue igual o ha empeorado. China, tiene otra dinámica en el ámbito económico pero sigue sin reconocer los derechos de sus ciudadanos.

Aunque podemos suponer que en Cuba la situación podría tener otra dinámica hay que especular con responsabilidad. Es una realidad que existen varios agentes ajenos al oficialismo insular que pueden ejercer influencias:
El movimiento contestario que opera al interior, un exilio militante y creativo, con recursos económicos propio y factores internacionales que por un motivo u otro siempre están pendientes de lo que ocurre en la mayor de las Antillas.

La oposición interna y el exilio son los que tienen la posibilidad de recoger las experiencias de otros países. Los que están más dispuestos a aprender y entender son los que tienen convicciones democráticas. La otra parte, Ricardo Alarcón, Raúl Castro, Carlos Lage, o cualquier otro jerarca, partes imprescindibles en un proceso de Transición, no parecen creer en el Pluralismo ni en el debate de las ideas.

Estos factores y otros que se escapan a mi comprensión pueden incidir en el proceso de Sucesión que quizás determinen el inicio de una Transición en la que si harían mucha falta las experiencias de los países del Europa del Este, esas experiencias podrían aliviar los traumas del cambio.


Trabajo presentado en la Asociación de Estudios de la Economía Cubana.
Agosto 4/2006-Pedro Corzo.



Back

 

 
 


Home  | Membership | Documents & Letters | Links  | Forum  |  Donations | Search


NET FOR CUBA INTERNATIONAL
http://www.netforcuba.org
All Rights Reserved  ©