|
PEDRO CORZO
Raúl Castro.
La Sombra del Poder II.
Entre la Fiscalia y el Narcotráfico.
Relativo a Raúl Castro escribió
recientemente en The New Yorker, Jon Lee Anderson, uno de los biógrafos de
Ernesto Guevara: “Pese a su reputación de hombre cálido, puede ser
impulsivo, dogmático y a veces brutal, en 1959, durante la rendición de
Santiago, la segunda ciudad del país, Raúl presidió la ejecución de más de
70 soldados y oficiales que fueron ametrallados y sus cadáveres lanzados a
un foso" [1].
Pero hay un aspecto poco comentado de la vida de Raúl Castro y es que en
todos los procesos “judiciales” de gran relevancia que han tenido lugar en
Cuba después del triunfo de la insurrección, ha jugado un rol fundamental.
Ha sido una especie de fiscal especial, un acusador con capacidad de
sancionar.
En 1959, durante el proceso contra el comandante Huber Matos fue una especie
de Robespierre. En una escena en la que se aprecia su intención de imponer
un terror colectivo impuso su voluntad al tribunal. Amenazó y coaccionó
hasta que se le enfrentó Matos quien rebatió con firmeza todos sus
argumentos. Al abogado defensor de Matos, Francisco Loriet Bertot trató de
injuriarlo y desacreditarlo de todas las formas posibles. Según Matos, el
letrado puso en ridículo a Raúl y logró que en la sala se rieran a su costa.
El “Segundo”, hoy “Primero”, no escatimó injurias ni ofensas, ni de inventar
conspiraciones y denunciar a todos los que consideraba enemigos de la
Revolución.
Aparentemente Raúl Castro cumple a satisfacción el papel de malo que le
asignó su hermano, rol que cumple con extrema satisfacción y dedicación. Es
el “chico” terrible, antipático. Dicen que sus chistes son como una piedra
en el zapato. No es ingenioso ni es capaz de seducir a su interlocutor pero
en verdad, salvo contadas ocasiones como aquella del secuestro de los
americanos, solo cumple los deseos y caprichos de su hermano.
Recuerdo que en los días del triunfo de insurrección todos decían: “Raúl es
el que mata y cuando lo hace Fidel se disgusta”. También están los que se
tragaron el cuento que Raúl era el comunista y que trampeaba a Fidel, que
Raúl era el único responsable, junto a Guevara, de la importancia que habían
adquirido los amigos de Moscú. En fin, en la Mitología hasta hoy escrita de
la Revolución Cubana, Raúl Castro es el depredador y Fidel Castro el
benefactor.
Hay una fuerte tendencia a considerar a Fidel Castro como el único gestor y
actor del desastre nacional cubano. No cabe dudas de que es con mucho el
principal responsable pero es evidente que no pocos han colaborado en esa
gestión y uno de ellos ha sido Raúl Castro, [2] quien al mando de una
delegación en su condición de Ministro de Defensa, viajo a la Unión
Soviética, julio de 1962, para discutir el embarque de armas soviéticas a
Cuba, entre las que estaban incluidos los cohetes SAMs, tierra-aire, y los
cohetes balìsticos con capacidad nuclear que generaron la crisis de los
misiles de 1962. Raúl y Ernesto Guevara cumplieron con satisfacción el deseo
de Fidel Castro de convertir a Cuba en el primer objetivo en una guerra
termonuclear.
Raúl Castro, según un artículo del Miami Herald, se reunió con
narcotraficantes colombianos en 1980 y les autorizó a usar puertos cubanos
en su trasiego de drogas a Estados Unidos a cambio de que facilitaran armas
y municiones a las guerrillas del M-19. Años más tarde se reunió con uno de
los hombres de Manuel Antonio Noriega para mediar en una disputa que el
general panameño sostenía con narcotraficantes colombianos. Se podría decir
que su papel había mutado, de fiscal y verdugo, a mediador entre
narcotraficantes.
Manuel de Beunza, quien fuera mayor de los servicios de inteligencia del
gobierno cubano, testificó en una audiencia del Senado de Estados Unidos que
Raúl Castro sustituyó a Generoso Escudero como jefe de la unidad naval de
Cienfuegos, porque éste se negó a colaborar en el desplazamiento de las
lanchas rápidas que transportaban cocaína hasta la costa sur de Cuba.
Beunza agrega que el hoy vicealmirante Pedro Pérez Betancourt, próximo a
Raúl Castro y jefe de la marina de Guerra de Cuba, le confesó en Riga,
Letonia, que era necesario hacer cambios en la estructura de mando ya que
oficiales como el vicealmirante Aldo Santa Maria Cuadrado no querían
prestarle apoyo al tráfico de drogas que tenía como objetivo destruir la
sociedad estadounidense.
Otro vínculo con el narcotráfico es cuando el narcotraficante convicto
Carlos Lehder asegura en una corte estadounidense que se había reunido en
dos ocasiones con Raúl Castro y que éste le había otorgado permiso para
sobrevolar la isla como punto de tráfico de cocaína con rumbo a Estados
Unidos. Dos años mas tarde, 1993, la fiscalía federal redacta un proyecto de
encausamiento, en él hace referencia a Raúl castro como líder de un complot
para enviar toneladas de cocaína a Estados Unidos a través de Cuba.
Por otra parte en un libro de reciente publicación y en declaraciones dadas
a la prensa, John Jairo “Popeye” Velásquez, estuvo muy próximo a Pablo
Escobar Gaviria, manifestó que Raúl, sostenía una estrecha relación con el
cártel de la cocaína de Medellín y que protegió los embarques de droga que
pasaban por Cuba rumbo a la costa sur de la Florida.
El hecho de que prestara protección a los narcotraficantes no impedía que
continuara cumpliendo con su rol de protector de la fe. Un caso notable en
el que Raúl Castro jugó un papel relevante es en el que se establece contra
el atacante al cuartel Moncada, Gustavo Arcos Bergnes, [3] ex embajador de
Cuba en los Países Bajos y uno de los fundadores del Movimiento Pro-Derechos
Humanos en la isla.
En el proceso que instrumentó la dictadura contra la dirigencia del viejo
Partido Socialista Popular conocido como la “Microfracciòn”, 1968, jugó un
papel destacado. Fue quien ordenó a la Seguridad del Estado las medidas a
tomar contra los supuestos complotados. Al final del proceso, cuando el
terror “raulista” corría impetuosamente por el torrente sanguíneo de
culpables e inocentes, y se creía que el chico malo produciría un baño de
sangre, se apareció Fidel componiéndolo todo y mandando a los inculpados a
cumplir sentencias de prisión.
Raúl Castro fue el responsable del cierre de la revista Caimán Barbudo, un
medio que se atrevía a cuestionar algunas decisiones gubernamentales. Meses
mas tarde asumió la organización del Congreso de Educación y Cultura, que en
la opinión del investigador Alberto Álvarez García [4] fue lo máximo en
represión intelectual que había conocido el país hasta ese momento, proceso
que culminó con el cierre de la publicación “Pensamiento Crítico” y de la
Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana.
En 1971, tiene lugar un “juicio” al mejor estilo de los procesos de Moscú
contra el intelectual y destacado poeta Heberto Padilla. Según Manuel Díaz
Martínez, Raúl Castro cumplió en la investigación, montaje y desarrollo de
la acusación un papel relevante. [5] El proceso que fue una advertencia a
los intelectuales que se atrevían a pensar libremente, desencantó a muchos
intelectuales, nacionales y extranjeros, con el liderazgo de la Revolución,
y a partir de la prisión de Padilla y su posterior destierro, se
convirtieron en críticos de Fidel Castro y su régimen. Paradójicamente todos
desconocían el rol cumplido por Raúl Castro, y consideraban que lo
acontecido era inspiración de Fidel.
Pero en el que sin dudas Raúl Castro desempeñó su papel mas estelar fue en
el llamado “Proceso de los Generales”. Raúl preparó las condiciones en su
discurso del 13 de junio de 1989 para la decisión que tomaría el máximo
líder de fusilar a sus asociados en el narcotráfico. Raúl bajo la dirección
de su hermano, o por iniciativa propia, montó un proceso, instrumentó el
terror y demostró que continuaba siendo el mas fiel de los fidelistas. Sus
palabras confirmaron que seguía siendo válido el postulado de “Por la
Revolución todo” con las connotaciones indefinidas que ese “todo” tiene.
Este proceso hizo posible que Raúl Castro sumase a su control absoluto en el
MINFAR, el manejo y conducción del poderoso Ministerio del Interior, MININT.
Evidentemente Raúl Castro no ha cesado de cumplir uno de sus roles, el de
cancerbero del totalitarismo cubano. En 1992, fue el protagonista en
impugnar a Carlos Aldana, ideólogo del Partido Comunista de Cuba y miembro
del Buró Político, y diez años mas tarde asumió el mismo rol en el caso
“Robertico Robaina”, el canciller que jugó con fuego hasta quemarse.
Raúl fue el primero en acusar a este último de deslealtad, corrupción y de
sugerir que el defenestrado ministro había intentado establecer las bases
para cuando se presentara la oportunidad asumir el control del país.
Para Alberto Álvarez [6], Raúl Castro ha sido una especie de escudo, de
protector del sistema. Apunta que fue el creador del Dpto. Ideológico de las
Fuerzas Armadas, antes de que este organismo se constituyera en otro aparato
del Estado, consecuencia de ese Dpto. fue la revista Verde Olivo un medio
que promovía el pensamiento mas ortodoxo y el culto mas fiel a los líderes
del proceso revolucionario. Afirma que controlaba también el Dpto. de
Cultura por medio de un funcionario de nombre Luís Pavón.
A partir del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, 1975, Raúl
Castro empezó a controlar el Dpto. Ideológico del Partido Comunista de Cuba,
entidad responsable de velar por la pureza ideológica del Gobierno y de la
Revolución y que trabaja estrechamente vinculada con la sección de contra
inteligencia del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas. Los jefes
de este Dpto. fueron personas estrechamente vinculadas al ministro de la
Defensa,
Al comandante Antonio Pérez Herrero, primer jefe del Dpto., sustituido por
Carlos Aldana, ayudante personal del ministro, quien a su vez fue relevado,
1992, por José Ramón Balaguer, un viejo guerrillero que había sido testigo
de la Perestroika porque fungió como embajador de Cuba en ese país, años mas
tarde fue relevado por otro oficial, el coronel Rolando Alfonso.
Afirma Alberto Álvarez [7] que en el Quinto Pleno del Comité Central del
Partido, Raúl Castro, leyó un documento que contó con la aprobación de su
hermano en el que se atacaba ferozmente a los académicos y a los centros de
investigación de Ciencias Sociales que supuestamente se habían identificado
con el aperturismo. El inquisidor funcionó a toda máquina en lo de atacar,
desmontar y convertir en enemigos a la mayor parte de los investigadores y
funcionarios del CEA.
Los miembros de este grupo académico fueron interrogados e investigados, el
régimen trató de que se auto impugnasen y asumiesen la responsabilidad de
crímenes que no habían cometido. El informe que leyó Raúl Castro en el V
Pleno del Comité Central del Partido, marzo del 96, fue publicado en el
órgano oficial del Partido. Raúl, una vez más fue fiscal, ya que el rol de
verdugo nunca lo ha abandonado.
Pedro Corzo.
Septiembre-06
Back
|
|