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PEDRO CORZO
El Legado de Fidel Castro.
E-Mail: petercorzo@msn.com
La historia de Cuba lamentablemente no podrá ser escrita sin hacer
referencia al mandato de Fidel Castro. Ha sido el personaje mas destacado de
nuestra historia en los últimos 60 años. Su figura trascendió las fronteras
de la isla y su gestión política situó al mundo al borde de un holocausto
nuclear.
Se ignora cuantos restos de cubanos yacen en las praderas africanas y
cuántos más están esparcidos en los bosques y montañas de América Latina.
Tal vez Castro deje a sus deudos riquezas y bienes. No lo sé, pero tengo la
creencia de que si no los legó, ellos fueron capaces de apropiárselos.
La naturaleza mesiánica de Fidel Castro le impedía pensar en el final y es
posible que se creyese el cuento del curandero adulador, que afirmaba que
iba a durar por lo menos 120 años.
Pero sin dudas la herencia de Fidel Castro tiene mas de prontuario policial
que de acta de dejación de bienes.
Castro irrumpió en la política cubana a través del pandillerismo
universitario. No tuvo éxito en su propósito de convertirse en líder de la
FEU, pero sí tuvo la capacidad de asociarse con los dos grupos más violentos
que operaban en la década del 40 en la Universidad de La Habana.
Su capacidad para sobrevivir se desarrolló entre aquellas familias mafiosas.
Allí aprendió a mezclar la violencia con la adulación. Su agudo sentido de
la oportunidad le sirvió de mucho. Audaz, inteligente y manipulador, fue
capaz de rodearse de un grupo de incondicionales que le han sido fieles por
décadas.
El cuartelazo militar fue el caldo de cultivo perfecto para el mejor
desarrollo de sus “talentos”. La crisis que generó en la sociedad cubana el
golpe del 10 de marzo, le vino como anillo al dedo. El pandillero se
transformó en revolucionario, una especie de deidad de la sociedad cubana de
la época que sintetizaba todas las virtudes del Príncipe Azul de las novelas
románticas del siglo XIX.
La dictadura militar generó mucho descontento. Se gestaron numerosas
conspiraciones pero sin duda la más notable fue la que ocasionó el fracasado
ataque al Cuartel Moncada que causó decenas de muertos y numerosos heridos.
No obstante, Fidel Castro y su hermano, salieron ilesos. Perseverante,
voluntarioso, confiado en su destino y con mucha suerte, sólo estuvo en
prisión unos pocos meses.
El culto a la violencia indiscriminada de muchos de sus contemporáneos que
afirmaban que todos los problemas se resolvían con insurrecciones, le
convirtieron en una especie de adalid. En el exilio, su liderazgo fue
notable. Su capacidad de convocatoria y tenacidad le permitieron organizar
una expedición militar, que no por fracasada, le negó la victoria.
Mas tarde, su competitividad y un enemigo sin convicciones y lastrado por la
corrupción, le permitieron convertir unas escaramuzas rurales en una epopeya
digna de Homero. La clase dirigente cubana y la prensa nacional, salvo
honrosas excepciones, hicieron dejación de su soberanía. El populacho fue
consumido por un nuevo César que desde el principio les dio circo y poco a
poco les quitó el pan.
El sentir revolucionario se transformó en una especie de religión
particularmente cruel. Hijos se enfrentaban a los padres. Las familias se
dividieron. Los amigos desaparecieron. La desconfianza y la duda se
propagaron por toda la sociedad. En cada cuadra había una jauría de perros
rabiosos listos a morder por cualquier hueso. Delatar era un deber, el
callar, traición a un estado celoso de sus prerrogativas.
El Totalitarismo se dio nuevas leyes. Las parodias de procesos legales
permitían asesinatos públicos .Se fusilaba en parques, cementerios y detrás
de las escuelas. Se militarizó la sociedad. Se implantó el terror. Se impuso
un paradigma que promovía el odio y el tableteo de las ametralladoras para
resolver las diferencias. Las bases culturales y morales de la nación, como
parte de un Plan Nacional que pretendía recrear la conciencia ciudadana,
fueron quebradas para introducir nuevos valores y dogmas.
El régimen hizo pública su intención de crear un Hombre Nuevo, para ello
transformó la educación, no sólo vedándole a los padres el derecho de
participar en la formación de sus hijos, también alejó a los niños de la
familia, del hogar, con todas las influencias que de éste se derivan. La
escuela también fue cuartel y centro de adoctrinamiento, las generaciones
emergentes crecieron en un ambiente de triunfalismo en el que la frontera la
definía la frase “con la Revolución todo, contra la Revolución nada”.
Decenas de miles de personas fueron a prisión. Miles más partieron al exilio.
La censura se impuso en todo el país. La libertad intelectual desapareció.
Se estableció un estricto control de los medios informativos. Las religiones
fueron enclaustradas en sus templos y sus practicantes reprimidos. Una
especie de nueva devoción impuso sus propias tradiciones, cultos, lutos y
fiestas.
Paradójicamente el chauvinismo que impulsó el oficialismo de que Cuba y lo
cubano era mejor y superior, fue transformándose en un profundo sentimiento
de frustración, según el individuo fue viviendo los fracasos y padeciendo
las contradicciones del régimen. El hombre de la calle se quedó de pronto
sin los sostenes teóricos que por décadas le habían sido insuflados. Se
percató de que había crecido y se había formado en un ambiente en el que las
consignas sustituían los pensamientos y la mentira se convertía en verdad y
en poco tiempo volvía a ser mentira, que el fraude procedía desde las más
altas esferas y que la igualdad sólo era otra promesa dentro de la gran
estafa.
El miedo y la conveniencia sustituyeron al concepto del derecho personal. Un
amplio sector del país se conduce con feroz individualismo, practica el
cinismo más ramplón y conforma una masa coloidal que se adapta a la
situación que menos esfuerzo demande.
En la isla se ha establecido una nomenclatura que ha disfrutado sin
interrupción del poder absoluto y de las prerrogativas que de él se derivan.
Se instituyó una aristocracia artística, deportiva e intelectual, en la que
cualidades notables estaban siempre supeditadas al compromiso político. Las
Fuerzas Armadas rindieron tributo a un ejército y nación extranjera. El
movimiento obrero se transformó en otra empresa del estado.
La estafa, la venta fraudulenta, la vulgarización del lenguaje y las
costumbres, la masificación del ciudadano hicieron desaparecer al individuo
y por consiguiente la privacidad. El pudor se escabulló en la promiscuidad y
la prostitución, presentes en toda sociedad pero siempre cuestionadas, se
reconciliaron con la comunidad para ser aceptadas como prácticas comunes,
porque lo importante era “sobrevivir” sin interesar lo que hubiera que dar ó
hacer a cambio,
La corrupción, un mal también presente en la Cuba republicana, el abuso de
poder y el cisma provocado por la sectarización moral e ideológica de la
nación, han alcanzado niveles nunca imaginados. Décadas de castrismo han
esparcido una dolorosa sombra en el presente, y prometen un angustioso
alumbramiento de futuro.
El castrismo es el principal responsable de la corrosión moral que amenaza
extenderse a toda la nación. Acabó con la fortuna de los ricos para
distribuir mejor la miseria. En la isla, el extranjero se transformó en
primer ciudadano. En los inicios, el privilegio se sustentaba en la
política, hoy en dólares o en ambos atributos.
Los promovidos progresos cubanos, deporte, educación y salud no se apoyaban
en la capacidad del sistema para generar crecimiento económico de manera
sostenible sino en los cuantiosos subsidios que recibía el país. Se acabaron
las contribuciones y el milagro social se desplomó. En la actualidad la
economía es parásita, mendiga, dependiente de la generosidad de otros países
como Venezuela y China. Se habla de reformas económicas, pero no se puede
obviar que el régimen ha reprimido por décadas el desarrollo de una economía
en la que el ciudadano sea el protagonista.
Fidel Castro deja una herencia lamentable. Los números son rojos, no sólo
porque las cuentas están en negativo, sino porque rojos son los sufrimientos
de millones de personas y rojos por la sangre derramada.
Pedro Corzo
Abril 2008
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