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PEDRO CORZO
DEL
TOTALITARISMO CARISMATICO AL TOTALITARISMO BUROCRATICO.
E-Mail: petercorzo@msn.com
Por mas de cuatro décadas Cuba ha estado sometida a un régimen totalitario
muy singular y es que Fidel Castro aunque le impuso a su gobierno las
características de su personalidad agresiva e intolerante también vinculo
estrechamente su gestión a su capacidad de atracción, eso que algunos
erradamente llamamos carisma.
Fidel Castro, como hubiese escrito Anatole France es un demiurgo a toda ley.
Un seductor por excelencia como habría dicho Shakepeare si le hubiese tocado
escribir este periodo de la historia de Cuba. Y sin dudas Houdini, le habría
calificado como un ilusionista excepcional si hubiese sido testigo de su
capacidad para conservar la confianza de sus partidarios a pesar de fracasos,
mentiras y traiciones.
El liderazgo de Fidel Castro ha estado sostenido sobre las bayonetas y su
talento, pero también, y quizás en una dimensión superior, a su habilidad
para inspirar confianza y ayudar a olvidar aun en muchas de aquellas
personas que le conocieron en su turbulenta juventud mafiosa, la textura
recia y violenta de sus agallas.
El Faraón insular genero desde el periodo insurreccional un discreto culto a
su persona y cuando llego al poder fue capaz de que la masa y cierto sector
de la clase dirigente se convenciesen que estaban frente a un hombre que
sintetizaba en su persona los mejores intereses de Cuba y los cubanos. De la
noche a la mañana una humilde isla del Caribe tenía su propio Dios, que a la
vez era profeta y espada de una religión que tenia su propio Satán en la
tierra: Estados Unidos. Y esta fue su principal carta de triunfo ante una
opinión pública mundial que no era exactamente pro norteamericana.
Como si todo esto fuera poco el faraón logro extender su influencia mas allá
de las fronteras de su reino y no pocos fariseos y gentiles le apoyaron para
que iniciara una cruzada en busca de una utopía en la que un hombre nuevo
haría avergonzar por sus virtudes al mas integro de sus antepasados.
En estos 47 años Fidel ha tenido la oportunidad de escribir sus propias
realizaciones, actuó como mayoral de una finca de mas 100,000 kilómetros
cuadrados, involucró en los conflictos cubanos a las potencias atómicas y
llevó a miles de sus partidarios a morir en tierras extranjeras para cumplir
su sueño de catequizar a los herejes pero con tanto ajetreo se le olvido que
no era Dios, que el tiempo se le acababa, y lo que es peor, que a pesar de
lo mucho que había bregado iba a morir en la misma orilla del poder que
había asumido en 1959, con el agravante que dejaba el templo sin paredes ni
techos y a los fieles sin fe pero listos para fingir ante cualquier
predicador que profesaban su doctrina.
La era épica, la lírica revolucionaria la personificó Fidel Castro. Hizo
creer en la epopeya de la Sierra Maestra y en la pureza ideológica de
Revolución, fue el estandarte de su propio proyecto, el caballero andante
que con mas suerte que virtudes defendió su utopía en numerosos escenarios
pero toda esa tramoya se sostenía sobre una fina y a la vez ruda carpintería,
una labor lenta, minuciosa, de hormiga o abeja como se dice comúnmente, que
no llama la atención pero que cuando uno se da cuenta ha construido un
andamiaje.
Pero un día Fidel tropezó con su mortalidad y le llegó la penumbra. Su
cuerpo o su mente se metieron en las sombras que a todos nos esperan y le
tocó el turno a la hormiga laboriosa, Raúl, el insecto de fuerte picada que
al igual que su hermano puede matar de un aguijonazo.
Raúl no es Fidel Castro, lo hemos visto a través de los años. Es un hombre
discreto que no ama el espectáculo pero que no duda en hacer lo necesario
para que la “colonia” este bajo control. No es ingenioso ni capaz de seducir
a su interlocutor pero si puede como eficiente burócrata conducir el
totalitarismo todo el tiempo que el pueblo sometido sea capaz de soportar.
Al parecer llegaron al poder los que hicieron posible que Fidel, mas allá de
sus peculiares atributos, gobernara por casi medio siglo. Los discursos
agresivos, las marchas fastuosas y las declaraciones imperiales
desaparecerán ante una riada de circulares y disposiciones que determinaran
la vida de cada ciudadano. Será una especie de retorno al mundo soviético
previo a la perestroika, una forma de agotamiento del fidelocastrismo que
tal vez genere espacios para una transición dentro de la sucesión mas allá
de la voluntad del nuevo Jefe.
La conducta de Raúl no hace que lo imaginemos como un iluminado marcando el
paso de millares de fieles seguidores siempre dispuestos a fingir una
suprema lealtad o al frente de una mesa de caballeros de la doctrina que
luchan por demostrar quien es mas leal a la sabia decisión del nuevo
director de una pieza teatral que fracaso desde su primera puesta en escena.
Esperar que Raúl promueva libertades que traspasen las de los animales de
corral tiene mucho de quimera, porque los burócratas siempre piensan y
proyectan en el marco de lo que conocen y el ignora lo que es la libertad.
Quizás busque vías para alimentar mejor a corderos y lobos pero bajo su
égida es de creer que Cuba continuará siendo un gigantesco campo de
concentración, que aunque posiblemente mas confortable, siempre estará bajo
el control de severos guardianes que tendrán un garrote a mano para aplastar
a los herejes.
Pedro Corzo.
Periodistas y Documentalista.
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